Durante años, la promoción turística se sustentó en campañas institucionales y ferias internacionales, pero ha surgido un nuevo protagonista en la escena: el streaming. Las plataformas como Netflix no solo ofrecen entretenimiento; están moldeando imaginarios que transforman ciudades y convierten destinos en aspiraciones turísticas.
El fenómeno es profundo. Series como “Emily in Paris” han demostrado que el interés por un destino puede dispararse a través de una narrativa visual. Desde su estreno, las búsquedas sobre París, así como itinerarios para visitar locaciones de la serie, han crecido. “The White Lotus” ha tenido un efecto similar, destacando hoteles en Hawái, Sicilia y Tailandia. En este contexto, Corea del Sur ha logrado articular un modelo en el que la industria audiovisual, el turismo y las políticas culturales se unen para promover un desarrollo económico integral. Los K-dramas han demostrado que no solo exportan entretenimiento, sino también gastronomía, moda y turismo.
Este nuevo enfoque no se limita a ofrecer lugares; se trata de vender estilos de vida. Los espectadores no desean visitar solo monumentos; quieren sumergirse en las narrativas construidas por las series que consumen. Las ciudades, restaurantes y barrios se transforman en espacios emocionalmente cargados, brindando una experiencia más rica que el simple turismo.
Los beneficios económicos son palpables. El aumento del turismo lleva a mayor ocupación hotelera y un incremento en el consumo local, lo que, a su vez, genera empleo en el sector servicios. La influencia de una serie exitosa puede, de hecho, crear un efecto multiplicador que beneficia diversas industrias complementarias.
Sin embargo, este fenómeno presenta desafíos que frecuentemente pasan desapercibidos. La dependencia de un destino de una producción audiovisual puede crear vulnerabilidades económicas. Las plataformas deciden qué historias se cuentan y su duración de exposición al público. Así, la competitividad turística se encuentra parcialmente dictada por decisiones empresariales externas.
Adicionalmente, el turismo generado por el streaming puede llevar a la saturación de ciertos lugares. Barrios residenciales pueden ver un aumento en los costos de vida, y la infraestructura local enfrenta presiones inesperadas. Lo que parece ser una oportunidad económica puede transformarse en un dilema de sostenibilidad.
Este contexto exige una reflexión sobre la intersección entre las industrias culturales y las políticas de desarrollo económico. Las producciones audiovisuales han de ser consideradas no solo como productos culturales, sino como activos estratégicos con el potencial de transformar la competitividad de un territorio. Por ello, varios gobiernos están implementando incentivos fiscales para atraer filmaciones, reconociendo que el retorno económico va más allá del rodaje mismo, extendiéndose al turismo que se genera por años posteriores.
México tiene características que lo posicionan idealmente en esta nueva economía audiovisual. Su riqueza cultural y patrimonial, junto con una infraestructura hotelera en crecimiento y una capacidad creciente para la producción cinematográfica, son puntos fuertes a destacar. Algunas producciones en lugares como Oaxaca, San Miguel de Allende y la Ciudad de México han empezado a proyectar estos destinos a nivel internacional, aunque aún de manera desigual y sin una estrategia nacional que una las industrias audiovisuales y el turismo.
La pregunta crucial ya no es si una serie puede atraer turistas —la evidencia a nivel global indica que sí—, sino cómo convertir esa atención en un desarrollo económico sostenible para las comunidades que reciben a los visitantes. Esto requiere una coordinación efectiva entre gobiernos, oficinas de turismo, productoras audiovisuales y negocios locales. Se necesitan políticas que no solo distribuyan los beneficios económicos de manera equitativa, sino que también mitiguen los efectos negativos del turismo masivo.
Así, el streaming no solo está cambiando la manera en que se promueve el turismo; también está transformando la percepción de los destinos, ofreciendo un futuro lleno de posibilidades, pero también de consideraciones críticas.
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