La Copa del Mundo se convierte en un fenómeno social que trasciende el deporte. Este año, los aficionados al futbol no solo se reúnen frente a pantallas en casa, sino que encuentran espacios comunitarios donde la experiencia se enriquece. En la colonia Roma, por ejemplo, La Chicha y su local hermano, Sala Sonari, se están preparando para recibir a todos aquellos que desean disfrutar del torneo de una manera única.
Ambos lugares han diseñado una propuesta que combina futbol, gastronomía y el espíritu de celebración. La Chicha, con más de 15 años de experiencia, busca ofrecer un ambiente donde la diversión y la convivencia son primordiales. Con platos pensados para compartir, la novedad es la Torre Botanera “Comparte con la bandota”, una estructura de tres niveles diseñada para grupos de entre dos y cuatro personas. Este platillo incluye tres tortas emblemáticas: cochinita pibil, suadero horneado marinado en cítricos y una opción vegetariana, complementados con patatas bravas y los Nachos Piedras Negras, un homenaje a la cultura gastronómica fronteriza. La idea surgió en respuesta a las peticiones de los clientes que buscaban opciones más grandes para disfrutar en grupo, justo a tiempo para el Mundial.
La filosofía detrás de La Chicha es claro: ofrecer comida honesta y de calidad, elaborada con ingredientes frescos y de productores locales. El chef enfatiza que aquí no buscan reinventar la cocina, sino compartir experiencias a través de un buen platillo, un guacamole preparado al momento y recetas que aprovechan los ingredientes del día.
A unos pasos de La Chicha, Sala Sonari se suma a la fiesta con su propuesta musical. Este espacio joven se centra en crear un ambiente donde la música complementa la experiencia gastronómica. Su nombre, que se traduce del yaqui como “ruido” o “sonido”, refleja su esencia. Durante la Copa del Mundo, esta sala se convierte en lugar de encuentro tras los partidos, con sesiones de escucha, pequeños conciertos y presentaciones de DJ’s en un sistema de audio especialmente diseñado.
El menú de Sala Sonari se basa en platos para picar, como tacos de suadero, carnitas de setas y postres como galletas de chocomole y crumble de manzana con helado de cardamomo. Este local también se distingue por la producción artesanal de bebidas, como tepaches y un vermut propio, así como una cuidada selección de mezcales de pequeños productores.
Con horarios extendidos y un enfoque en la comunidad, ambos espacios buscan sacar el máximo provecho del fenómeno futbolístico, mientras mantienen su identidad gastronómica. Para muchos aficionados, el verdadero espectáculo ocurre a menudo lejos de la cancha, en torno a una mesa, donde una torta, unos nachos y una cerveza pueden transformar un partido en una celebración colectiva.
Este artículo ofrece una visión de cómo la gastronomía y la cultura del futbol se entrelazan en estos espacios, convirtiendo cada encuentro en una fiesta en la que se celebra no solo el juego, sino también la compañía y la buena comida.
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