Siendo una niña de 10 años, a comienzos de los años setenta, para llegar a su escuela debía viajar ocho kilómetros desde su casa de la comunidad mapuche Lefweluan (el lugar donde corren los guanacos, en mapudungún) hasta el pueblo de Traiguén, en el corazón de la Araucanía chilena. A veces había suerte y pasaba el autobús; en otras ocasiones, tenía que caminar una hora y media por el camino de tierra y barro. Lo hacía con zapatos negros de plástico, pero se sentía afortunada: su madre siempre le contó que, en su época, tocaba andar descalzo y que las grietas producían dolor.
“Vengo de una familia sencilla, como todas las familias mapuche afectadas por la pobreza, pero íntegra desde el punto de vista de nuestros códigos, inspirados por las normas colectivas, la memoria, el relato social, la historia. Mi familia me heredó un sentido de felicidad”, cuenta Elisa Loncón, de 58 años, que no se queja al recordar su infancia sacrificada en el sur profundo de Chile cuando, antes de la jornada escolar, dedicaba las mañanas a vender frutas, quesos y huevos en un canasto.
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Pregunta. ¿Por qué sería importante que el órgano esté presidido por una mujer mapuche?
Respuesta. Sería un paso para instalar un Chile distinto que respete la condición humana de la diversidad, valore a las mujeres y sus raíces ancestrales. Es lo que no ha hecho institucionalmente.
P. ¿Es Chile un país machista y racista?
R. Chile es machista, racista y clasista, lamentablemente. Pero existe otra cara: la de los chilenos que luchan. Sería una linda señal del pueblo de Chile que la convención esté presidida por una indígena mapuche.
P. ¿Qué etapa se inicia?
R. Chile abre este domingo la etapa del diálogo en igualdad de condiciones y de derechos.
Su madre, hermanas, primos y diversos parientes todavía viven en Lefweluan, donde Loncón hace cuatro años ha retomado las ceremonias y aprovecha de recoger los membrillos y manzanas que plantó su abuelo hace décadas. De ese lugar recuerda escenas que todavía la sobrecogen, como cuando su padre compró una colección de libros de filosofía gracias a la venta de dos carretas de leña: “Priorizaba la educación para nosotros ante cualquier circunstancia”, recuerda Loncón.
No ha militado formalmente en ningún partido político, aunque se considera una mujer de izquierda: “Mi gente fue siempre luchadora y colaboramos con los triunfos de las diferentes izquierdas”, dice sobre su familia. Sus antepasados –su bisabuelo y tatarabuelo– combatieron contra la ocupación militar de la Araucanía en 1883 y defendieron la ciudad de Temuco, la capital regional. De los mil días del Gobierno de Salvador Allende (1970-1973), recuerda: “Mi familia estaba contenta, porque nos dieron una beca con la que me compraron mis primeros zapatos de cuero. En ese Gobierno, a cada niño se le daba medio litro de leche en polvo diariamente, que mis amigos traviesos comían en el camino a nuestras casas”. A veces, Loncón recuerda todavía la tierra del suelo mezclada con la leche blanca.
La convención debutará este domingo a las diez de la mañana en los patios de la sede del Congreso en Santiago y no estarán presentes ninguno de los representantes de los tres poderes del Estado. Los convencionales, luego de aceptar formalmente el cargo, tendrán que definir su presidencia en la primera sesión. Es un asunto relevante porque la presidencia tendrá un papel central tanto en el desarrollo de la convención –como definir el orden del debate, poner en tabla las discusiones y la distribución del trabajo– como en el ámbito político. Pero quien se quede con la presidencia deberá, sobre todo, articular en diálogo político en una convención diversa y marcada por la presencia de los independientes que no responden a las órdenes partidarias: “Los mapuche tenemos una larga historia de vocación de diálogo horizontal. Se hicieron 50 parlamentos con los chilenos y antes con los españoles”, asegura Loncón.


