El doctor Ludwig Guttmann dedicó toda su vida a la investigación y al tratamiento de los enfermos con lesiones medulares. A lo largo de su carrera siempre tuvo claro que el éxito de un tratamiento y la recuperación de un paciente no solo tenían que ver con las medicinas, sino sobre todo con su reacción psicológica y la calidad de vida que pudiera alcanzar. Sus estudios sobre la recuperación de las lesiones de columna y el descubrimiento del deporte como herramienta para mejorar la esperanza de vida de los pacientes hacen que en la actualidad sea recordado como el padre del movimiento paralímpico.
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Continuó sus estudios en Würzburg y en Friburgo y se doctoró en 1924 con una tesis sobre los tumores en la tráquea.
Empezó a trabajar con el neurólogo europeo más importante de la época, el profesor Otfrid Foerster, con quien estuvo durante nueve años salvo un paréntesis de un año para iniciar una unidad de neurocirugía en Hamburgo. En 1933, aunque ya era considerado el neurólogo más importante de Alemania, la Ley de Nuremberg de los nazis obligaba a todos los judíos a dejar de practicar la medicina en los hospitales arios. Bajo tal opresión, Guttmann se convirtió en neurólogo del Hospital Judío de Breslau y fue elegido director médico de hospital en 1937.
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Pero Guttmann, como el resto de judíos, tenía el pasaporte confiscado y no se le permitía viajar; sin embargo, en diciembre de 1938, el ministro de Asuntos Exteriores alemán, Von Ribbentrop, le ordenó viajar a la capital portuguesa para tratar a un amigo del dictador Salazar. En su viaje de regreso se le concedió permiso para ir a Inglaterra durante dos días y, como ya estaba en contacto con la Sociedad Británica para la Protección de la Ciencia y el Aprendizaje, le ofrecieron una beca como refugiado y se quedó con su esposa y sus dos hijos.
La familia encontró en Oxford una pequeña casa para vivir. Guttmann comenzó a trabajar en el Hospital Militar St. Hugh’s College para lesiones en la cabeza y sus hijos fueron también becados. En 1943 el Gobierno británico le pidió que se convirtiera en director de la nueva Unidad Centro Nacional de Lesiones Espinales en el Hospital de Servicios Médicos de Emergencia de Stoke Mandeville. Aceptó el puesto con la condición de poder tratar a los pacientes a su manera, sin interferencias.


