A 4.300 metros sobre el nivel del mar, un grupo de científicos enfrenta un entorno desafiante, donde los bosques exuberantes dan paso a un paisaje cubierto de ceniza. Esta travesía, marcada por los cambios en la oxigenación y la carga de mochilas que superan los 30 kg, es solo un pequeño sacrificio en comparación con el objetivo monumental: realizar la tomografía más profunda y detallada del volcán Popocatépetl.
El proyecto, que se ha extendido por más de cinco años, ha sido liderado por Marco Calò, un investigador destacado en el Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Históricamente, existían investigaciones que sugerían que el Popocatépetl, conocido popularmente como don Goyo, albergaba una única gran cámara magmática. Sin embargo, las evidencias apuntaban a conclusiones contradictorias. Calò menciona que la falta de consenso sobre el interior del volcán complicaba la comprensión de su actividad.
Karina Bernal, una estudiante de doctorado en Ciencias de la Tierra y parte del equipo, ha revelado que sus hallazgos indican la existencia de dos áreas en las que el magma se ha acumulado. Con el tiempo, este magma ha cristalizado, asemejándose a un queso derretido que, al enfriarse, se vuelve sólido. Gracias a su investigación, han conseguido una radiografía profunda del volcán, lo que ha permitido identificar rangos de presión y temperatura del magma, elementos clave para comprender mejor los procesos internos del Popocatépetl.
El trabajo de campo ha sido arduo; Calò y su equipo escalaron el volcán más de diez veces para instalar medidores sísmicos que registraran los datos necesarios. Estos dispositivos, que detectan el movimiento del suelo, fueron adaptados para operar en condiciones extremas. Las subidas al cráter, que en náhuatl significa “montaña que humea”, se realizaban dos veces al año, lo cual estaba lleno de desafíos, incluyendo riesgos naturales como explosiones que lanzaban rocas de gran tamaño.
A pesar de las adversidades, como daños a los equipos por explosiones y la pérdida de estaciones de monitoreo por incendios controlados, la investigación avanzó. Una vez recogidos los datos, el siguiente paso fue analizar la información utilizando técnicas de inteligencia artificial. Este enfoque permitió la creación de modelos detallados del interior del volcán hasta 18 kilómetros de profundidad. Bernal enfatiza que la inteligencia artificial es una herramienta poderosa, basada en matemáticas complejas, pero su eficacia proviene del arduo trabajo que precede su uso.
Aunque el proyecto oficialmente concluyó el 31 de diciembre de 2025, la investigación no se detendrá. Gracias a nuevo financiamiento, el estudio sobre don Goyo continuará, y el equipo comenzará a explorar nuevas líneas de investigación, incluyendo un catálogo de señales sísmicas y posibles réplicas de esta iniciativa en otros volcanes activos.
En el mundo de la ciencia, el fin de un proyecto no significa el cierre de una investigación; al contrario, cada respuesta genera nuevas preguntas. La ciencia avanza con la búsqueda constante de conocimiento y descubre que, a menudo, hay más por aprender.
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