Donald Trump ha destacado por sus posturas disruptivas y controvertidas hacia aliados y adversarios, creando un ambiente de incertidumbre incluso entre quienes deberían considerarlo un socio. En medio de sus constantes exabruptos, un comentario hecho en el Foro Económico de Davos ha perdido relevancia entre el bullicio de sus amenazas arancelarias y su particular interés por Groenlandia. Sin embargo, en sus intervenciones, Trump ha tocado un tema que debería ser motivo de reflexión para el gobierno mexicano en particular.
El futuro energético de Estados Unidos está lejos de ser un destino marcado por la quiebra de empresas estatales o por una transición energética exclusivamente verde. En lugar de ello, la energía nuclear se presenta como una alternativa viable y robusta. En este contexto, Trump se permitió criticar las políticas energéticas europeas, burlándose de los aerogeneradores en un tono que evocaba las quejas de ciertos sectores en México. Describió el movimiento por las energías renovables como un “Green New Scam”, argumentando que estas soluciones no solo son insuficientes, sino que también afectan negativamente la biodiversidad.
Aunque Trump es conocido por su afinidad hacia el petróleo y el carbón, parece haber llegado a la conclusión de que la energía nuclear se establece como la opción más estable y confiable del momento. Las centrales nucleares operan actualmente al 92% de su capacidad, una cifra que supera significativamente la fiabilidad del carbón y el gas. Además, es importante señalar que la energía nuclear es considerablemente más segura; sería necesario un accidente nuclear de la magnitud de Chernóbil cada 18 días para que causara un impacto equivalente al de carbón o petróleo.
Desde una perspectiva mexicana, hay que considerar el estado actual de sus políticas energéticas. El régimen actual ha asumido un enfoque estatista, desmantelando instituciones críticas y limitando la inversión privada. En este marco, el concepto de “nearshoring” se ve obstaculizado por la incapacidad de garantizar una matriz energética sostenible. Actualmente, alrededor de 58% de la energía eléctrica producida en México proviene de ciclos combinados, mientras que la producción a partir de hidrocarburos representa un 10%, y solo un 4% proviene del carbón.
En cuanto a las energías limpias, México ha avanzado lentamente, generando apenas un 25% de su energía de fuentes renovables en medio de un paisaje de escasas inversiones. La planta nuclear de Laguna Verde en Veracruz, que aporta solamente el 5% de la energía eléctrica nacional, muestra que aún queda un amplio margen para explorar el potencial de la energía atómica.
Ante este panorama, es crucial que México ajuste su enfoque y considere con seriedad la energía nuclear, dejando de lado posturas dogmáticas que han limitado el desarrollo energético del país. La intersección de la energía nuclear, la inversión privada y la sostenibilidad podría ser la clave para garantizar no solo la seguridad energética de México, sino también el fortalecimiento económico en un entorno global cada vez más competitivo.
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