El gas natural, considerado un recurso energético clave en la transición hacia alternativas más limpias, enfrenta un dilema significativo en México. Un informe de la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH) indica que un impactante 85% del gas que podría ser extraído mediante la técnica de fracturación hidráulica, o fracking, se encuentra en regiones con alto estrés hídrico. Este hecho, que genera preocupación por la disponibilidad del agua en áreas ya sobreexplotadas, plantea graves implicaciones ambientales y sociales.
Hasta marzo de 2021, se estimaba que el país contaba con 141.5 billones de barriles de recursos prospectivos de gas natural, distribuidos en tres áreas principales. La región de Sabinas-Burro-Picachos, que abarca partes de Nuevo León y Coahuila, es la más rica en estos recursos, concentrando el 47% del total. Le sigue la región de Burgos, que se extiende entre Nuevo León y Tamaulipas, donde se estima que se encuentra el 38%, y la región de Tampico-Misantla, que representa el 15% restante, repartido entre Tamaulipas, San Luis Potosí e Hidalgo.
Las regiones mencionadas no solo destacan por su potencial energético, sino que también se encuentran en condiciones de alta o media presión sobre sus recursos hídricos. Coahuila y Nuevo León están clasificadas como zonas de alto estrés hídrico debido a la sobreexplotación de sus acuíferos, mientras que Tamaulipas y San Luis Potosí enfrentan un estrés medio, y Hidalgo se encuentra en una situación de estrés alto.
Un análisis del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), realizado en 2022, ya advertía sobre los diversos impactos asociados con el fracking. La técnica exige enormes volúmenes de agua —entre 100,000 y 130,000 barriles por operación— lo cual afecta no solo la disponibilidad de agua potable, sino también su calidad. Estos cambios en el equilibrio hídrico local son especialmente críticos en áreas con escasez de agua, lo que deriva en preocupaciones sobre la contaminación de acuíferos y la biodiversidad.
A partir de 2021, la CNH había registrado al menos 15 pozos donde se había implementado el fracking, todos ellos construidos entre 2010 y 2013. Sin embargo, Manuel Llano, director de CartoCrítica y parte de la Alianza Mexicana contra el Fracking, menciona que en México hay aproximadamente 8,000 pozos que han sido fracturados alrededor de 36,000 veces. Este proceso tiene un costo significativamente mayor que las técnicas de extracción convencionales, y según Llano, su rentabilidad se encuentra en un punto de equilibrio muy delicado.
En el ámbito tecnológico, la presidenta Claudia Sheinbaum ha reconocido que Pemex, la empresa estatal encargada de la exploración de hidrocarburos, carece de la tecnología necesaria para la explotación de gas natural mediante fracking. Sheinbaum expresó que la técnica tradicional presenta retos significativos, como la contaminación del agua con productos químicos difíciles de limpiar, lo que impulsa la búsqueda de alternativas innovadoras.
La disposición por explorar nuevas tecnologías, que utilicen componentes biodegradables y que permitan el reciclaje del agua, es una señal de que las autoridades están dispuestas a abordar las preocupaciones ambientales. Sin embargo, el camino hacia una explotación de recursos más sostenible requiere un análisis profundo y un compromiso real por parte de todas las partes involucradas.
A medida que el debate sobre el fracking se intensifica, queda claro que el futuro de la energía en México no solo dependerá de la disponibilidad de recursos, sino también de la manera en que se gestionen y aprovechen estos recursos en un contexto de creciente preocupación por la sostenibilidad del agua y el medio ambiente.
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