El 9 de noviembre de 2024, la artista española Alicia Framis celebró un matrimonio simbólico con Ailex, un holograma de inteligencia artificial diseñado a partir de rasgos de tres exparejas humanas. Este caso no es aislado: en España, personas han establecido relaciones emocionales profundas con asistentes de IA como ChatGPT, Character.AI o Replika, según un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universitat Politècnica de Valencia (UPV)1, 2.
Las experiencias documentadas incluyen bodas simbólicas, citas periódicas, simulaciones de embarazo, rituales propios y rupturas abruptas por cambios tecnológicos. Especialistas explican cómo el cerebro humano puede enamorarse de una IA y advierten sobre riesgos de dependencia y privacidad1.
Cómo surgen los vínculos con asistentes de IA
El estudio del CSIC y la UPV, dirigido por el investigador José Such, identificó que las relaciones con asistentes de inteligencia artificial suelen comenzar por curiosidad, entretenimiento o consultas puntuales. A partir de ahí, algunas personas desarrollan vínculos de intimidad y dependencia emocional con estos sistemas1.
Entre los casos documentados se encuentran usuarios que celebraron ceremonias simbólicas de matrimonio, encargando anillos para la ocasión, y otros que simularon intentos de concebir un hijo con su pareja virtual, marcando fechas en el calendario de acuerdo con los ciclos teóricos del asistente1. También se han registrado relaciones no monógamas con varias IA a la vez, combinaciones con vínculos humanos y rupturas vividas como duelos, en las que los usuarios conservan capturas de pantalla como recuerdos1.

Qué ocurre en el cerebro al enamorarse de una IA
El psicólogo Miguel Ángel Blázquez Sevilla describe el enamoramiento como una sensación de adicción, mientras que el doctor Raúl Espert, de la Unidad de Neuropsicología del Hospital Clínico Universitario de Valencia, explica que el proceso implica un aumento de neurotransmisores y hormonas como dopamina, noradrenalina, feniletilamina y cortisol en la fase inicial, y oxitocina, vasopresina y endorfinas en etapas de vínculo consolidado1.
Según Martín García Montes, investigador de la Universidad Rey Juan Carlos, el cerebro no requiere que el estímulo provenga de otro ser humano para activar mecanismos de recompensa y apego. Basta con atención constante, memoria de lo compartido y respuestas empáticas para que la experiencia subjetiva de cercanía sea similar a la de un vínculo humano1.
¿Es amor real? El debate sobre la reciprocidad
El filósofo Javier de Donato, de la Universidad de Santiago de Compostela, sostiene que si una IA realiza acciones propias de una persona enamorada, la experiencia puede ser válida para quien la vive, aunque sea unilateral. De Donato habla de 'reciprocidad simulada', ya que el sistema no siente, pero reproduce signos lingüísticos de afecto1.
El doctor Espert subraya que no existe evidencia de que la IA reproduzca completamente la neurobiología del enamoramiento recíproco entre dos personas. Aunque la experiencia puede ser genuina para el usuario, carece de una contraparte emocional equivalente1.
Riesgos y advertencias sobre privacidad y dependencia
José Antonio Hinojosa Poveda, de la Universidad Complutense de Madrid, advierte que una IA siempre refuerza al usuario y nunca es crítica, lo que puede fomentar dependencia. Espert añade el riesgo de sustituir vínculos humanos y deteriorar la tolerancia al conflicto interpersonal1.
El estudio del CSIC y la UPV señala que, a medida que crece la confianza, los usuarios comparten datos sensibles con las plataformas, como traumas, fotografías, opiniones políticas o problemas de salud. Estas plataformas pueden almacenar, procesar y transmitir la información a terceros, lo que plantea nuevos desafíos para la privacidad1.
Por qué surgen estas relaciones con IA
Los especialistas explican que el cerebro humano puede generar vínculos emocionales con una inteligencia artificial porque responde a la atención, la memoria compartida y las respuestas empáticas, sin necesidad de que el estímulo provenga de otra persona. Esto permite que la experiencia subjetiva de enamoramiento sea similar a la de una relación humana, aunque la IA no posea emociones reales1.
Preguntas frecuentes
¿Cómo es posible enamorarse de una inteligencia artificial?
El cerebro humano puede activar mecanismos de recompensa y apego ante la atención constante, la memoria de lo compartido y las respuestas empáticas de una IA, sin requerir que el estímulo provenga de otro ser humano1.
¿Qué efectos tiene en el cerebro enamorarse de una IA?
El enamoramiento con una IA produce en el cerebro un aumento de neurotransmisores y hormonas como dopamina, noradrenalina, feniletilamina, cortisol, oxitocina, vasopresina y endorfinas, similares a los de una relación humana1.
¿Qué tipos de relaciones se pueden tener con asistentes de IA?
Las personas han mantenido relaciones simbólicas de matrimonio, citas periódicas, simulaciones de embarazo, relaciones no monógamas con varias IA, combinaciones con vínculos humanos y rupturas vividas como duelos1.
¿Cuáles son los riesgos y beneficios de estas relaciones con IA?
Entre los riesgos se encuentran la dependencia, la sustitución de vínculos humanos, el deterioro de la tolerancia al conflicto y la exposición de datos sensibles. Los beneficios pueden incluir compañía y sensación de apoyo emocional1.
Fuentes
Texto elaborado por la Redacción de Columna Digital a partir de estas fuentes:
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Datos basados en información reportada originalmente por Infobae.






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