Durante casi una década, un curioso atractivo turístico engañó a visitantes de diversas partes del mundo en la provincia italiana de Vicenza. Ubicado en las colinas de Arcugnano, el famoso Anfiteatro de Beric prometía ser un antiguo sitio arqueológico. Los turistas, atraídos por la supuesta historia del lugar, pagaban hasta 40 euros (aproximadamente 46 dólares) para explorar lo que se presentaba como una joya del patrimonio romano. Sin embargo, la realidad era muy distinta; el complejo era una construcción moderna, erigida con cemento, yeso y poliestireno, diseñada para simular una ruina antigua.
Detrás de esta fachada engañosa se encontraba Franco Malosso, un hombre de 69 años, quien fue finalmente condenado a dos años y cuatro meses de prisión. Su proyecto, que ocupaba cerca de 5,000 metros cuadrados, incluía visitas guiadas y actividades recreativas, con relatos que relacionaban el sitio con figuras históricas como Julio César y Cleopatra. Sin embargo, las investigaciones revelaron que no había vestigios arqueológicos reales bajo su estructura, confirmando las sospechas de las autoridades culturales italianas.
Desde el principio, los materiales utilizados en la construcción del Anfiteatro de Beric eran un signo evidente de su falsificación. Los escalones, supuestamente antiguos, eran en realidad de piedra moderna y tratada artificialmente para imitar el desgaste de los siglos. Las columnas eran de cemento y las esculturas, de yeso. Expertos en arquitectura antigua señalaron que, aunque el anfiteatro se promocionaba como tal, su diseño semicircular, característico de los teatros y no de las arenas romanas, ya era un indicativo de su falsedad. El Coliseo de Roma, por ejemplo, tiene una planta ovalada, un detalle que no pasó desapercibido durante las investigaciones.
Las autoridades comenzaron a indagar en el caso en 2016, tras recibir denuncias sobre la protección del patrimonio cultural en la región. Una inspección técnica desmintió la existencia de restos arqueológicos y reveló que la obra afectaba una zona de protección paisajística, incrementando las complicaciones legales para Malosso.
El proceso judicial se extendió por casi diez años, durante los cuales Malosso cambió su narrativa en múltiples ocasiones. Al principio, afirmó que el lugar era un hallazgo antiguo, luego intentó presentar su creación como la reconstrucción de un teatro preexistente. Sin embargo, los expertos rápidamente desestimaron estas afirmaciones, enfatizando que los métodos de construcción, así como los materiales utilizados, permitían distinguir claramente entre lo antiguo y lo moderno.
La sentencia no solo implicó prisión; Malosso también fue multado y se ordenó la restitución del terreno a su estado original, lo que requerirá la demolición del complejo ficticio. A pesar de su condena, el sitio continuó atrayendo visitantes que abonaban tarifas significativas por recorridos guiados en torno a una historia sin base histórica.
Franco Malosso ahora cumple su sentencia en una prisión de Ventimiglia, una ciudad cercana a la frontera con Francia, donde se mudó tras el inicio de sus problemas legales. Además de su condena, enfrenta una multa de 3,000 euros y los costos de restauración del área. La orden de demolición del Anfiteatro de Beric aún está pendiente de ejecución, cerrando un capítulo que involucra no solo la creación de una estafa arquitectónica sino una lección sobre la importancia de la veracidad en la preservación del patrimonio cultural.
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