La combinación de una alta demanda de vivienda en México y la escasez de nuevos desarrollos ha generado una presión notable sobre los precios del sector habitacional. Este fenómeno ha abierto oportunidades en varios segmentos del mercado, a pesar de los desafíos que enfrentan actualmente los desarrolladores. Según un informe reciente de Tinsa México by Accumin, el dinamismo observado tras la pandemia ha dejado de ser evidente, y el sector se encuentra ahora en una situación de limitaciones estructurales.
El análisis de Tinsa resalta que, aunque la demanda por activos inmobiliarios sigue vigente —especialmente impulsada por el fenómeno del nearshoring en ciertas regiones— el volumen de ventas y la originación de créditos atraviesan un estancamiento. Justino Moreno, jefe de Accumin Intelligence México, señala que esta parálisis se debe a la combinación de precios elevados y la falta de nuevos proyectos.
Uno de los aspectos más destacados es la reducción drástica en la oferta de vivienda, especialmente en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México. Entre 2016 y 2018, se iniciaban entre 120 y 150 proyectos verticales por trimestre, cifra que ha descendido a entre 45 y 60 actualmente. Esta contracción del inventario ha creado un entorno marcado por la escasez, lo que puede representar una oportunidad para aquellos desarrolladores que puedan superar obstáculos como el financiamiento y los procesos de licenciamiento.
Las consecuencias de esta disminución en la oferta son palpables: los precios de los inmuebles mantienen una tendencia al alza, lo que ha llevado a muchos compradores a considerar el mercado secundario, aumentando así los valores de las viviendas usadas. Este cambio en las decisiones de compra es una clara manifestación de la Ley de Oferta y Demanda, donde la falta de nuevos desarrollos impulsa el alza en precios.
A su vez, el modelo de renta institucional o multifamily ha ganado terreno, posicionándose como uno de los elementos más prometedores del próximo ciclo inmobiliario. La necesidad de vivienda cerca de los centros de trabajo ha propiciado que estos desarrollos alcancen niveles de ocupación de hasta el 95% en zonas centrales de la capital, consolidando así la renta como una solución habitacional viable.
Aunque el sector de la construcción reportó una contracción del 1.1% en 2025, las proyecciones para 2026 son más optimistas, con un crecimiento estimado del 2.1%. Factores como políticas públicas enfocadas en vivienda, un incremento en la inversión en obra pública y la reactivación del sector industrial impulsan esta mejora. El nearshoring sigue siendo un motor clave, fortaleciendo la demanda por infraestructura en el país.
El perfil del consumidor también está cambiando. Para 2026, se anticipa que los compradores serán más cautelosos y analíticos, priorizando aspectos como la reputación del desarrollador y las condiciones de pago. Este cambio obliga a los desarrolladores a adaptar sus estrategias comerciales para mantenerse competitivos.
En conclusión, el sector inmobiliario en México está en plena transformación. Nuevos modelos como la redensificación urbana, la vivienda asequible y el multifamily serán esenciales en este nuevo ciclo, que busca responder a las cambiantes necesidades y expectativas de un mercado cada vez más dinámico y exigente.
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