El diestro sevillano Daniel Luque cosechó un triunfo menor al pasear dos orejas en el primer festejo de la Semana Grande de San Sebastián, que tuvo lugar el 13 de agosto en el abarrotado coso cubierto de Illumbe. Esta corrida estuvo marcada por una notable desigualdad en el encierro de Zalduendo, que se presentó poco atractivo en términos de raza y fuerza, mientras el calor sofocante reinaba en la plaza.
El evento se tornó aún más interesante al saber que Luque regresará a los ruedos ese mismo viernes, sustituyendo a Morante de la Puebla, quien, según fuentes de la empresa organizadora, se vio obligado a retirarse debido a un cólico nefrítico. Un parte médico detalló que el torero presentaba un fuerte dolor en el flanco derecho, sugiriendo esta afección renal. Pese a esta baja, el cartel de la jornada incluyó al rejoneador Guillermo Hermoso de Mendoza, además de Luque y José María Manzanares, quienes lidiarán toros de Carmen Lorenzo y Garcigrande.
A pesar del escaso público que asistió, quienes acudieron se esperaban más compensación por el esfuerzo de soportar el calor y la falta de apertura de la cubierta móvil del recinto. La escasa emoción de la tarde también fue un tema recurrente en las críticas, especialmente ante una corrida cuyo comportamiento fue considerado muy desiguales en cuanto a las características de los toros.
Borja Jiménez, en su turno, lidió con dos toros notablemente más pequeños, ambos con un peso de 495 kilos, y aunque mostraron un poco más de movilidad, no lograron conectar con el torero, quien no supo aprovechar las oportunidades que le brindaron. Su faena finalizó con un fallo en la espada, un desenlace que también se repitió con su segundo toro, al que solo logró sacar una tanda de naturales de calidad media.
Por su parte, Diego Urdiales enfrentó a toros de mayores dimensiones, pesando 590 y 570 kilos. Sin embargo, ambos toros se mostraron desfondados rápidamente, lo que hizo que el torero no pudiera exprimir su potencial. En contraste, Luque tomó el relevo con un lote de toros que, a pesar de su tamaño promedio, ofrecieron la nobleza y duración necesarias, permitiéndole cortar dos orejas. Aunque no lograron abrirle las puertas de la plaza al requerirse dos apéndices de un solo astado, el torero se despidió aplaudido.
El evento también destacó el desempeño de las cuadrillas, donde el picador Manolo Quinta brilló con un gran puyazo. Mientras tanto, el ambiente entre el público, a pesar de la incomodidad, reconoció los esfuerzos de los toreros, aunque la calidad de la corrida dejó mucho que desear.
Así, el coso de Illumbe vivió una jornada intensa, aunque marcada por desafíos tanto climáticos como en la propia lidia de los toros, anticipando lo que podría deparar el siguiente festejo en esta emblemática Semana Grande.
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