En una calurosa noche de septiembre en Madrid, el Teatro Real fue testigo de un evento singular: el aclamado músico Fito Páez ofreció un concierto que se describió tanto como un “exorcismo” de emociones como un “oasis” musical. Con el termómetro marcando 34 grados, los asistentes llegaron al teatro, llenos de expectativa y curiosidad por el repertorio que compartiría.
La intriga era palpable entre el público, que debatía sobre las posibles canciones. Algunos recordaron la controversia que generó cuando Páez presentó su último disco, “Novela”, en su actuación en Buenos Aires en mayo. A medida que se apagaron las luces, un telón con motivos festivos se iluminó, añadiendo un aire de misterio al ambiente.
Cuando Fito sorprendió al público con sus enigmáticas palabras de apertura —“Todo en la vida es especialísimo, pero hoy un poco más”—, se sentía la carga significativa de la noche. Dressado con un traje de rayas y unas gafas oscuras, presentó a su talentosa orquesta de cuerdas, lo que dio inicio a una velada memorable. Inició el concierto con “Dale alegría a mi corazón”, y la emoción del público apenas pudo contenerse con los primeros acordes de “11 y 6”.
A medida que avanzaba el recital, el repertorio abarcó no solo sus obras emblemáticas, sino también piezas de leyendas como Lorca, Ana Belén, Serú Girán y Víctor Jara. Páez reflexionó sobre la potente alquimia entre palabras y música que han mantenido viva la emoción en estas composiciones a lo largo de los años.
El ambiente fue electrizante, especialmente durante su interpretación de “Tumbas de la gloria”, donde el teatro vibró con cantos de adhesión. “El mundo es un imperio de muerte, dinero y horror”, comentó Páez, resaltando la relevancia de la música como un refugio en tiempos difíciles. A lo largo del evento, la combinación de su piano y el noneto ofrecía un sonido armónico y cautivador, a pesar de haber ensayado apenas dos días antes debido a problemas de salud.
Con un repertorio que incluyó nuevos temas de su último trabajo, “Shine”, Páez culminó la velada con grandes clásicos del rock en español, como “Canción para mi muerte” y “Mariposa Tecnicolor”. La noche culminó con la interpretación de “Yo vengo a ofrecer mi corazón” a capella, haciendo eco de la conexión profunda que logra a través de la música.
Finalmente, el artista decretó haber “exorcizado” Madrid en un evento que duró 2 horas y 26 minutos, consolidando el Teatro Real como un refugio de creación y música en español. Con cada nota y palabra, Fito Páez demostró que, en medio de la incertidumbre, la música sigue siendo una poderosa herramienta de expresión y conexión.
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