La economía china enfrenta un desafío sin precedentes en su historia reciente, con un declive demográfico y económico que se agrava a medida que avanza la segunda década de este siglo. Desde 2021, cuando su población alcanzó un pico histórico, la situación ha evolucionado drásticamente, resultando en una caída del 18% al 16,5% en su participación en el producto bruto mundial. Este retroceso ha llevado a una fuga de capitales, frustrando los intentos del gobierno de estabilizar la situación.
A pesar de los esfuerzos por implementar inteligencia artificial como motor del crecimiento, este avance no ha sido suficiente para contrarrestar problemas profundamente arraigados. Según estimaciones independientes, el crecimiento real de la economía china puede estar más cerca de cero que de la meta oficial de entre el 4,5% y el 5%, una cifra que representa la más baja desde 1991. Mientras tanto, Estados Unidos se aleja en términos económicos, aumentando su participación en la economía global al 26%.
Una investigación sugiere que la recuperación mediante inteligencia artificial será un camino difícil. A medida que la población de China envejece rápidamente, la proporción de personas en edad laboral se prevé que disminuya del 67% actual al 59% en 2050. Para lograr un crecimiento del 4,9%, sería necesario un aumento de productividad del 5,5% anual, un objetivo extremadamente ambicioso frente a la cruda realidad demográfica.
Por otro lado, el sector inmobiliario ha sido un pilar de crecimiento que ha colapsado, con precios de las propiedades que han caído entre un 20% y un 40% desde su máximo en 2021. La deuda pública ha alcanzado niveles preocupantes, superando el 135% del PIB, en medio de una carga total de deuda que ronda el 350% del PIB. Esta situación ha provocado una pérdida de confianza en el consumidor, reflejada en las débiles ventas minoristas, donde el crecimiento se limita a sectores relacionados con la IA.
Además, el clima empresarial se ha visto amenazado por la creciente regulación estatal, lo que ha llevado a la salida de importantes capitales: en 2022, se reportó un flujo de 425.000 millones de dólares fuera de los mercados financieros chinos, marcando el mayor éxodo de su historia. La inversión extranjera neta ha caído, mientras que el número de expatriados ha disminuido, puesto que muchos temen las represalias del régimen contra sus empleados.
En este contexto, la búsqueda del gobierno, liderado por Xi Jinping, para llenar el vacío laboral con inteligencia artificial aparece insuficiente. La diferencia de inversión en este sector con respecto a Estados Unidos es abismal, donde se prevé que los operadores chinos destinen 100.000 millones de dólares en IA, en comparación con los 750.000 millones de dólares de su contraparte estadounidense.
El futuro de la economía china sigue planteando interrogantes: ¿puede la inteligencia artificial subsanar las grietas de una economía en declive? La respuesta, en este momento, parece ser negativa, ya que el país enfrenta problemas estructurales que vas más allá de cualquier avance tecnológico. Con una población en caída y una tasa de fertilidad baja, el camino hacia una recuperación sostenible aún se presenta incierto.
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Datos basados en información reportada originalmente por infobae.com.






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