La artista sudafricana Gabrielle Goliath enfrenta un revés significativo en su lucha por reinstaurar su participación en la próxima Bienal de Venecia. La Corte Suprema de Sudáfrica desestimó su solicitud de anular la cancelación de su pabellón previsto para 2026, lo cual ha llevado a Goliath, junto a la curadora Ingrid Masondo, a emprender un nuevo desafío legal. La jueza Mamoloko Kubushi, responsable del fallo, también les ha ordenado cubrir los costos judiciales, incluyendo a Gayton McKenzie, el ministro de deporte, artes y cultura del país.
Goliath y Masondo fueron seleccionados el 6 de diciembre del año pasado por un comité de cinco miembros de la comunidad artística sudafricana para representar a su país en la bienal. El proyecto que presentarían, una versión renovada de Elegy, aborda temas cruciales como el feminicidio y los asesinatos de personas LGBTQI+ en Sudáfrica. Además, planeaba conmemorar el genocidio Ovaherero y Nama en Namibia y la muerte de Hiba Abu Nada, una poeta palestina fallecida en un bombardeo israelí en octubre de 2023.
Las complicaciones surgieron cuando McKenzie, crítico del contenido del proyecto relacionado con Abu Nada, lo describió como “altamente divisivo” y sugirió su modificación. Al negarse Goliath, el ministro canceló la exhibición a principios de enero, lo que llevó a la artista a interponer acciones legales.
El reciente proceso judicial, llevado a cabo virtualmente el 11 de febrero, presentó argumentos a favor de la reinstalación del pabellón como un asunto urgente. Sin embargo, la decisión de la jueza fue rápida y sin explicaciones detalladas, lo que ha dejado perpleja a Goliath y su equipo. Con un comentario al medio especializado, la artista expresó: “Este fallo establece un precedente peligroso para la comunidad artística en Sudáfrica”.
El tiempo es esencial en esta situación, ya que el plazo final para que Sudáfrica presente sus planes para el evento expiró el 18 de febrero. En respuesta a la decisión, Goliath y Masondo han contactado a Nosipho Jezile, la embajadora de Sudáfrica en Italia, solicitando su intervención para obtener una extensión del tiempo límite.
“Si lograran concedernos un pequeño margen, tendríamos motivos para realizar una apelación urgente”, indicó Goliath. A pesar de la adversidad, ella y Masondo se mantienen optimistas sobre la posibilidad de presentar Elegy. La artista criticó además los costos impuestos, señalando que podrían desincentivar a otros artistas a defender sus derechos constitucionales.
En un comentario separado, el Departamento de Deportes, Artes y Cultura expresó su respaldo a la decisión judicial. Su portavoz, Stacey-Lee Khojane, sugirió que sería prematuro especular sobre las repercusiones legales sin conocer la sentencia completa.
Goliath y Masondo se preparan para eventuales cambios en el panorama, ya que la Bienal de Venecia podría otorgarles una oportunidad de participar. Con cada movimiento, se aprecian las tensiones entre el arte contemporáneo y las complejidades políticas, un reflejo de un momento crítico en la historia cultural de Sudáfrica. La ambición de Goliath es clara: presentar su obra en la Bienal, un símbolo de resistencia y expresión en tiempos difíciles.
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