En un panorama alarmante para la economía mexicana, el primer bimestre del año ha evidenciado un significativo y preocupante retroceso en el gasto de Petróleos Mexicanos (Pemex). Los últimos datos oficiales revelan que la petrolera estatal ha registrado una caída del 56.2% en comparación con el mismo periodo del año anterior, un evento que no se había visto en casi una década. Esta disminución, que lleva a Pemex a gastar solo 59,682 millones de pesos, marca la cifra más baja desde 2007 y es la primera vez en 14 años que el gasto en febrero se sitúa por debajo de los 100,000 millones de pesos.
La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) ha detallado que el gasto programable de Pemex se ha reducido sustancialmente, superando el recorte inicial que el gobierno había considerado para este año. En concreto, el gasto fue 32% inferior a lo que estaba previsto, lo que genera inquietud por la repercusión que esto puede tener en la infraestructura del país. La organización civil México Evalúa ha señalado que este recorte ha impactado gravemente el gasto en inversión física, que se ha desplomado un asombroso 78%, alcanzando apenas 20,971 millones de pesos.
Este drástico recorte en la inversión no solo pone en riesgo los proyectos futuros de la empresa, sino que también afecta la capacidad productiva de Pemex y, en un contexto más amplio, la potencialidad de crecimiento económico de México. A pesar de los planes federales que buscan invertir 5.6 billones de pesos en infraestructura entre este año y 2030, los recortes en el gasto de Pemex han obligado a priorizar el servicio de la deuda, que ha superado en gasto a la inversión física. Durante los dos primeros meses del año, Pemex destinó 35,093 millones de pesos al pago de su deuda, un incremento del 22.6% en comparación con el año anterior.
El servicio de la deuda de Pemex y de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) se ha disparado a niveles que generan preocupación, aumentando un 27.4% en la misma franja de tiempo. En total, el costo financiero del sector público, que incluye tanto al gobierno federal como a las empresas estatales, ascendió a 157,153 millones de pesos, aunque se registró una disminución del 6.4% en comparación con el año anterior.
A medida que el gobierno federal se esfuerza por contener el déficit fiscal, que se busca que no supere el 4.1% del Producto Interno Bruto (PIB) este año, se ha sacrificado el gasto en inversión física de organismos clave como Pemex. Este sacrificio, si bien puede haber ayudado a estabilizar las cuentas públicas a corto plazo, plantea incógnitas sobre el futuro sostenible de la economía mexicana.
Mientras tanto, Pemex continúa enfrentando retos de deuda que han persisitido durante años, lo que acentúa la vulnerabilidad de su situación financiera. Con alrededor del 16 al 20% de su deuda programada para vencerse este 2026, los analistas advierten que las pérdidas operativas y la tendencia a acumular deuda en lugar de destinar recursos a inversiones productivas pueden tener consecuencias negativas a largo plazo.
En resumen, el panorama de Pemex es inquietante. La combinación de una caída dramática en el gasto de inversión y un incremento en la carga de deuda podría salirle cara a la economía del país en los próximos años. La dirección que tome la petrolera estatal y su impacto en la infraestructura y el crecimiento económico son aspectos que deberán seguirse con atención.
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