El reciente acuerdo entre el gobierno federal y los empresarios gasolineros de México ha suscitado un renovado interés en el ámbito energético del país. Este pacto, que busca establecer un precio tope para el diésel, ha sido anunciado y reafirmado en los últimos días, con el objetivo de reducir su costo a menos de 28.30 pesos por litro.
El jueves anterior, la presidenta Claudia Sheinbaum sorprendió a muchos al revelar que el acuerdo inicial contemplaba un precio máximo de 28.50 pesos por litro. Sin embargo, la nueva comunicación emitida por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y las compañías del sector gasolinero amplía ese compromiso, con la promesa de que el precio caiga incluso más en un corto periodo de tiempo. La iniciativa cuenta con la participación voluntaria de varias empresas gasolineras, entre ellas la Onexpo Nacional, que es la mayor asociación de gasolineros en el país, así como nombres destacados como Hidrosina y Petro Seven.
Este anuncio resulta particularmente relevante considerando que ha surgido controversia en torno a la aceptación del acuerdo por parte de algunos empresarios del sector, quienes habían manifestado su desacuerdo con el tope propuesto. En este contexto, es crucial entender que el precio del diésel en México aún es 13% más caro que en Estados Unidos, a pesar de que, desde el inicio del conflicto bélico en Ucrania, el costo en el país vecino ha aumentado un 42%, en contraste con el modesto incremento del 9% en México.
A nivel nacional, el precio medio del diésel en México se situaba en 28.84 pesos por litro, mientras que en Estados Unidos se ubicaba en 25.58 pesos, evidenciando una discrepancia notable de 3.26 pesos. Esta diferencia se atribuye principalmente a la carga fiscal superior que enfrentan los consumidores mexicanos, quienes pagan 6.80 pesos en impuestos por cada litro de diésel, frente a un promedio de 4.41 pesos en EE.UU.
Además del diésel, las cifras sobre la gasolina son igualmente alarmantes. A pesar de que desde el inicio del conflicto en Ucrania sus precios han escalado un 36% en EE.UU. y apenas un 1% en México, el costo en el país azteca es un 24% más alto que en su vecino del norte. Este fenómeno también está vinculado a la desproporcionada carga impositiva que los automovilistas en México enfrentan, reflejando que, con los estímulos fiscales actuales, los impuestos impuestos a los combustibles resultan ser 2.5 veces más altos que los de EE.UU.
Los componentes que integran el precio de la gasolina en México son ilustrativos de esta situación: de los 23.78 pesos por litro, 8.96 corresponden solo a impuestos (IVA e IEPS). En contraste, en EE.UU., el precio total de un litro de gasolina se desglosa de manera diferente, con solo 3.44 pesos destinados a impuestos.
Es importante señalar que, aunque el petróleo crudo es más costoso en EE.UU., el costo de refinación en México es más alto debido a la ineficiencia de sus refinerías. Esta compleja realidad deja a los consumidores mexicanos enfrentando costos elevados, haciéndolos uno de los países con gasolina más cara del mundo, solo superado por China.
Con un contexto de creciente presión sobre los precios de los combustibles, el gobierno y el sector empresarial enfrentan un reto significativo: encontrar un equilibrio que permita mantener la estabilidad económica mientras se atienden las necesidades de los consumidores. Este acuerdo es un paso crucial, pero la vigilancia continua sobre su implementación y efectividad será vital para determinar su impacto real en el mercado.
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