No es fácil determinar si vivimos rodeados de incertidumbre o si, en verdad, estamos inmersos en ella. La falta de certeza, la dificultad de anticipar resultados y eventos futuros se han vuelto parte de nuestra realidad cotidiana, especialmente en un contexto tan complejo como el actual. En vez de intentar predecir el desenlace del PIB mexicano en 2026 o el futuro de la guerra en Irán, es más útil aprender a reaccionar ágilmente ante lo inesperado.
La incertidumbre que experimentamos tiene múltiples dimensiones. Empezando con la creación interna, México presenta una esfera de inquietud que ha impactado considerablemente en la inversión. A pesar de que un movimiento controla el Poder Legislativo, el Judicial y muchos gobiernos estatales, parece haber una falta de atención hacia la certidumbre que requieren los inversionistas. El Plan B de la reforma política electoral avanza mientras que la reforma al Poder Judicial aún está pendiente. La caída del 4.4% en la inversión privada en 2025 y el inusual comportamiento de la inversión extranjera, que tuvo un saldo negativo de 5,000 millones de dólares en el último trimestre, son un claro reflejo de cómo la incertidumbre afecta los números cruciales para la economía.
La situación de seguridad pública también entra en juego. Es cierto que los homicidios han mostrado mejores cifras, pero la realidad es más compleja. La influencia de los cárteles se hace visible en la vida diaria y se traduce en caos. Un estudio reciente de Nielsen resalta que la actividad comercial se ha visto perjudicada en ciudades como Guadalajara, Irapuato y León, donde las ventas han caído más de un 20%. En un giro inesperado, las ventas de botanas y refrescos han disminuido, mientras que la demanda de productos enlatados ha aumentado.
Externamente, las acciones del presidente estadounidense, que muchos atribuyen a la mediocridad en el crecimiento del PIB mexicano, han tenido un impacto en la economía local. A pesar de ello, las exportaciones a Estados Unidos alcanzan cifras récord. La inversión extranjera directa, que llegó a 40,000 millones de dólares, podría haber sido aún mayor. Mientras tanto, el sector acerero se encuentra sumido en una crisis sin precedentes debido a los aranceles del 50%.
Por si fuera poco, la tensión geopolítica derivada del ataque de Estados Unidos e Israel a Irán añade una nueva capa de incertidumbre que afecta todo, desde los precios del petróleo hasta las tasas de interés. Las repercusiones en las metas de inflación y las finanzas públicas son inciertas y complicadas de predecir.
Finalmente, la inteligencia artificial, una fuerza transformadora ya presente entre nosotros, introduce su propia forma de incertidumbre. Nos plantea la pregunta de si estamos realmente listos para adaptar nuestras vidas a los cambios drásticos que implica.
Así, mientras la incertidumbre se convierte en la norma, la pregunta no es tanto cómo predecir el futuro, sino cómo adaptar nuestras estrategias y nuestra manera de vivir ante lo desconocido.
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