Cuando pensamos en el diseño solemos imaginar casi de forma exclusiva algo tangible como objetos, carteles, edificios, muebles o aplicaciones digitales. Pensamos en colores, formas, materiales y procesos creativos. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a considerar que el diseño también está presente en algo mucho más profundo: la manera en que construimos el conocimiento, y por ende, en la forma en que se afecta la forma en que conocemos y juzgamos el mundo en el que vivimos.
Recientemente tuve la oportunidad de participar en la presentación del libro Fuerzas y tensiones: disputas con el saber, tercer volumen de la colección Más allá de las disciplinas, misma que coordino junto con Julieta Espinosa. Desde que trabajé la producción editorial del libro encontré una idea que me ha acompañado y que, desde mi perspectiva, también pertenece al diseño: todo saber se diseña y a su vez diseña mundo.
La frase puede sonar fuera de lugar al principio. Después de todo, en general se piensa que el conocimiento describe la realidad. Pero basta observar con atención para descubrir que cada disciplina selecciona aquello que considera importante, define conceptos, establece categorías, organiza información y propone formas particulares de comprender los problemas, a ello se suman las ideologías desde donde se realizan esas actividades. En otras palabras, cada forma de conocer también construye una determinada manera de mirar el mundo.
Durante mucho tiempo se creyó que las disciplinas podían explicar por sí solas los grandes problemas de la humanidad. Sin embargo, el cambio climático, las desigualdades sociales, la inteligencia artificial, la violencia o las transformaciones culturales nos muestran que la realidad es mucho más compleja. Ninguna disciplina, por rigurosa que sea, alcanza por sí sola a comprender fenómenos que involucran dimensiones ambientales, económicas, políticas, tecnológicas y humanas al mismo tiempo. Esa es precisamente la invitación de la transdisciplina: construir puentes entre distintos saberes para comprender mejor la complejidad del presente.
Desde el diseño esta reflexión resulta transformadora y resignifica nuestro quehacer. Diseñar nunca ha consistido únicamente en producir objetos, y menos únicamente estéticos. Diseñar implica organizar relaciones, establecer prioridades, anticipar experiencias y tomar decisiones que afectan la manera en que las personas interactúan con su entorno. Un sistema de señalización modifica la forma en que nos desplazamos por una ciudad; una interfaz digital orienta nuestras decisiones; una infografía cambia la forma en que comprendemos un problema; incluso una visualización de datos puede influir en la manera en que interpretamos un fenómeno social.
Algo semejante ocurre con el conocimiento. Cuando una investigación decide qué observar y qué dejar fuera; cuando una institución define qué información considera válida; cuando un medio de comunicación elige qué imágenes mostrar o qué cifras destacar, también está diseñando una forma particular de comprender la realidad. No se trata de afirmar que el conocimiento sea arbitrario, sino de reconocer que toda forma de conocer implica elecciones y que esas elecciones tienen consecuencias.
Quizá por ello una de las mayores responsabilidades de quienes investigamos sea preguntarnos constantemente qué mundo estamos ayudando a construir con nuestras preguntas, nuestros métodos y nuestras conclusiones. El conocimiento nunca es completamente ajeno a la sociedad que lo produce. Tiene efectos sobre las políticas públicas, la educación, la cultura y, en muchas ocasiones, la vida cotidiana de millones de personas.
Desde esta perspectiva, el diseño deja de ser únicamente una profesión para convertirse en una forma de pensar. Diseñamos objetos, sí, pero también diseñamos preguntas, experiencias, relaciones y futuros posibles. Y quizá por eso valga la pena recordar que cada vez que producimos conocimiento también estamos participando, consciente o inconscientemente, en el diseño del mundo que compartimos.
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Nos vemos pronto para seguir hablando de diseño.


