Todos los años, por estas fechas en las que la primavera decora las calles de esta hermosa ciudad, Cuernavaca, de colores variopintos como el lila, el amarillo, el naranja, el rojo, el bugambilia y el blanco de las flores que transforman los árboles en verdaderos cuadros para reconfortar el alma. Es increíble cómo se transforma el paisaje y cómo hay árboles que se quedan sin una sola hoja verde y se ponen completamente de colores. Además de otra flora que decora todas las calles.
Es en estas fechas que, todos los años, el doctor José Teodoro Lavín León, director de Columna Digital, pero también prominente personaje morelense, organiza la conocida cena de los cuernavacos, que es un espacio para que se reúnan personas a las que esta ciudad no solo nos parece hermosa, sino que consideramos nuestro hogar. La cena de los cuernavacos surgió de una iniciativa de los asiduos asistentes anuales y Toto, como le decimos muchos de los que lo queremos, tomó las riendas y decidió organizar una cena-baile formal con causa social. Así es, todos los años se donan las ganancias que se obtienen a organizaciones que lo requieren y que aportan a esta ciudad.
En la decoración del jardín donde se lleva a cabo se hace gala del diseño floral y de ambientes. Las flores decorativas y la disposición de los elementos que combinan entre sí hacen de la experiencia un deleite. De hecho, esa es una de las características que distingue a Morelos: su exuberancia en los jardines maduros y su clima templado la mayor parte del año, que hacen que sea un destino buscado para realizar bodas, graduaciones o festejos al aire libre.
La cena de los cuernavacos es un espacio de encuentros y reencuentros en el que coinciden intereses sociales de carácter altruista. Además, es un espacio que nos ayuda a construir comunidad a través de un vínculo con Cuernavaca, donde se teje un sentido de identidad y pertenencia. Esa identidad se refleja en elementos de diseño como las flores, que identifican a la ciudad de la eterna primavera, los colores y la brisa nocturna. También está la alta gastronomía, que nos distingue en ese caleidoscopio de sabores que van desde los tacos acorazados hasta platillos gourmet.
La cena-baile de los cuernavacos se ha convertido en una tradición que despliega el amor a la ciudad de Cuernavaca entre quienes la habitamos, hacia las organizaciones a las que se apoya y, sobre todo, que hace gala de una identidad compartida que se materializa de diversas formas, una de ellas el diseño de la experiencia y de todos los elementos que la construyen, especialmente el jardín y las flores que lo decoran.
Nos vemos pronto para seguir hablando de diseño.


