En las últimas semanas he visto memes que se refieren a una enorme cantidad de carteles y flyers generados con inteligencia artificial generativa y se ven similares. Los hay para restaurantes, pequeños negocios, invitaciones familiares y, sobre todo, para propaganda con intencionalidad política. Efectivamente muchos se parecen entre sí. Comparten composiciones similares, personajes con la misma expresión, fondos, colores y una estética que, aunque resulta llamativa al principio, termina siendo repetitiva.
La reacción más común, que también he visto en redes sociales, es decir que “la inteligencia artificial generativa diseña todo igual”. Sin embargo, creo que esa afirmación merece matizarse. El problema no está en la herramienta, sino en cómo la estamos utilizando.
La inteligencia artificial generativa produce imágenes con una velocidad impresionante. En cuestión de segundos puede generar ilustraciones, fotografías simuladas o composiciones gráficas que hace apenas unos años habrían requerido horas de trabajo. Pero producir una imagen no es lo mismo que diseñar, una imagen es un resultado, el diseño es un proceso.
Diseñar implica comprender un problema de comunicación antes de buscar una solución visual, como hemos hablado en otras columnas. Significa preguntarse quién recibirá el mensaje, qué información debe comprender primero, qué emoción queremos provocar, cuál es el contexto cultural del público y qué medio será el más adecuado para comunicar. Es un proceso de análisis, síntesis y toma de decisiones indispensable y que no desaparece por el seguimiento de una nueva herramienta.
Curiosamente, la inteligencia artificial generativa ha visibilizado una habilidad que las y los diseñadores hemos desarrollado desde hace décadas: formular correctamente el problema de comunicación. Quien escribe un buen prompt necesita definir con claridad qué quiere comunicar, qué tono busca, qué estilo conviene y cuáles son las características de la imagen que necesita, pero sobre todo comprender a quien se dirige la comunicación, lo que es muy complejo. En otras palabras, antes de pedir una imagen hay que pensar y reflexionar, lo que es, precisamente, una de las bases más importantes del proceso de diseño.
Muchas de las imágenes que hoy vemos en redes sociales fueron creadas por personas que no contrataban un servicio profesional de diseño, o no tenían tiempo ante la premura de compartir la información. Antes utilizaban plantillas prediseñadas y ahora emplean inteligencia artificial generativa. En realidad, no sustituyeron a quien diseña profesionalmente, sino que cambiaron de herramienta para resolver una necesidad inmediata de comunicación. Esto ocurre especialmente en publicaciones con intencionalidad política o de micro empresas, donde la rapidez para producir contenidos suele ser más importante que desarrollar una identidad visual consistente.
Eso no significa que el diseño profesional haya perdido valor o pueda ser sustituido por una herramienta digital, al contrario. Conforme aumenta la cantidad de imágenes generadas automáticamente, se vuelve más evidente la diferencia entre una imagen atractiva y una estrategia de comunicación bien construida, es decir que se revaloriza el diseño. Una imagen puede llamar la atención durante unos segundos, mientras que un diseño profesional busca que el mensaje sea comprendido, recordado y genere la respuesta esperada a partir de la intención comunicativa.
Existe, por supuesto, un riesgo real. Si millones de personas utilizan los mismos modelos generativos, los mismos estilos y las mismas referencias visuales, es probable que comencemos a consumir imágenes cada vez más parecidas. Ese fenómeno demuestra que el diseño sigue siendo necesario para introducir contexto, identidad, diferenciación y sentido para provocar una comunicación efectiva.
De la misma manera que disponer de un procesador de textos no convierte automáticamente a una persona en novelista, tener acceso a una inteligencia artificial generativa tampoco convierte a cualquiera en diseñadora o diseñador. Las herramientas evolucionan, pero lo más importante para el diseño es que la capacidad de analizar problemas, comprender a las personas y construir mensajes significativos sigue siendo profundamente humana.
Quizá el mayor cambio que traerá la inteligencia artificial generativa sea obligarnos a explicar, por fin, qué significa realmente diseñar. Porque la inteligencia artificial generativa puede producir imágenes extraordinarias, pero el diseño continúa siendo la disciplina que les da intención, contexto y significado.
Nos vemos pronto para seguir hablando de diseño.


