El 2 de mayo de 2026, la Organización Mundial de la Salud (OMS) puso en alerta al mundo al informar sobre un grave brote de enfermedad respiratoria a bordo del crucero MV Hondius. Este barco, que llevaba 147 pasajeros y tripulantes, comenzó su travesía desde Ushuaia, Argentina, hacia el norte de Europa, tras finalizar su temporada en la Antártida. Solo dos días después, el 4 de mayo, se habían registrado siete casos de hantavirus, de los cuales dos estaban confirmados por laboratorio, y cinco eran sospechosos. Este alarmante brote resultó en tres muertes y un paciente en estado crítico.
Los hantavirus, pertenecientes al género Orthohantavirus, son de gran preocupación para la salud pública global, afectando a más de 200,000 personas cada año en todo el mundo. Este tipo de virus zoonóticos causa dos graves enfermedades en humanos: la fiebre hemorrágica con síndrome renal (FHSR) en Europa y Asia, y el síndrome cardiopulmonar por hantavirus (SCPHC) en América. Aunque los roedores son los principales portadores de estos virus, también se ha observado que murciélagos, topos y musarañas pueden actuar como reservorios.
Las manifestaciones clínicas varían según la ubicación geográfica. En América del Norte, el virus Andes y el virus Sin Nombre son responsables del síndrome pulmonar por hantavirus, mientras que en Europa, el virus Puumala genera una forma más leve de FHSR, observándose la mayoría de los casos en países como Finlandia, Alemania y Francia.
La transmisión ocurre predominantemente a través de la inhalación de partículas virales respirables que provienen de la orina, las heces y la saliva de roedores infectados. Aunque la probabilidad de contagio de persona a persona es baja, se han documentado casos aislados de transmisión durante el contacto estrecho con personas infectadas.
A pesar de la gravedad de las enfermedades vinculadas a los hantavirus, no existe una cura específica. El tratamiento es sintomático, enfocándose en el manejo de los síntomas y el apoyo respiratorio en casos graves. La detección temprana es crucial, ya que los síntomas pueden presentarse entre una y ocho semanas después de la exposición, comenzando típicamente con fatiga, fiebre y dolores musculares.
Un capítulo notable en la historia de los hantavirus ocurrió en 1951 durante la Guerra de Corea, cuando un brote de fiebre hemorrágica afectó a más de 3,000 soldados. Sin embargo, el agente causante del brote no fue identificable hasta 1978, cuando el virus Hantaan fue aislado por primera vez. Antes de la década de 1990, se creía que estos virus eran exclusivos de Asia y Europa, pero el brote emergente en los Estados Unidos en 1993 cambió drásticamente esta percepción.
Hoy en día, aunque el riesgo de hantavirus en España es considerado bajo, las autoridades mantienen la vigilancia ante su alta tasa de mortalidad. Se enfatiza la importancia de la detección temprana y el control de roedores, así como la concienciación pública para prevenir la transmisión, dado que no se dispone de tratamiento o vacuna específica. La historia reciente de brotes como el del MV Hondius subraya la necesidad urgente de atención y acción continua frente a estas enfermedades virales.
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