A finales de los años 90, la imagen de centros de datos repletos de servidores revelaba una realidad: la falta de mujeres en roles tecnológicos. En aquel entonces, muchos pensaban que, con el tiempo, este vacío se llenaría conforme más mujeres se unieran a la industria. Sin embargo, esa promesa aún parece distante, especialmente en el contexto de la Inteligencia Artificial generativa, que hoy domina el panorama digital.
Los datos muestran que el acceso a la tecnología ha aumentado globalmente, pero las cifras indican que la participación de las mujeres en el uso de herramientas como ChatGPT y Claude aún es notablemente inferior. Un informe conjunto de Stanford y Harvard revela que las mujeres tienen aproximadamente un 20% menos de probabilidades de utilizar estas herramientas en comparación con sus homólogos masculinos. Desde su popularización en 2024, los hombres adoptaron la IA generativa casi al doble de velocidad que las mujeres: un 20% frente al 11%. Se estima que para 2026, la tendencia cambiará modestamente, con un 52% de los usuarios siendo hombres y un 49% mujeres.
En México, la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares 2024 resalta que la diferencia en el acceso a internet es mínima. Sin embargo, en el uso diario de dispositivos inteligentes, los hombres superan a las mujeres por cinco puntos porcentuales. Datos de ChatGPT también reflejan el tema: en enero de 2025, un 42% de los usuarios eran mujeres, frente a un 58% de hombres, aunque la brecha se había reducido de un asombroso 80% en 2022.
Un estudio realizado por la Ibero Puebla y la Universidad de Guadalajara sobre estudiantes universitarios concluye que las mujeres son más escépticas respecto al uso de la IA, mostrando una mayor preocupación por la ética y la privacidad. Esta cautela no es casual; diversas investigaciones de Deloitte, Harvard Business School y la Unesco resaltan las razones detrás de esta situación.
Los sesgos de entrenamiento en IA, que proviene principalmente de culturas y valores distintos, generan desconfianza. Saiph Savage, científica de computación en México, subraya cómo las grandes corporaciones estadounidenses no tienen en cuenta las necesidades de las mujeres y los obreros latinoamericanos. Además, la percepción de la IA como una herramienta que puede socavar la credibilidad profesional de las mujeres se vuelve un obstáculo. Dolores Fernández, contadora en México, menciona que el uso de herramientas como ChatGPT podría dar espacio a delegar responsabilidades, un riesgo que muchas mujeres prefieren evitar.
La preocupación por la privacidad también afecta la adopción de tecnologías de IA; las mujeres tienden a ser más cautelosas sobre cómo sus datos personales están siendo utilizados. Ivana Feldfeber, directora de DataGénero, sugiere que aceptar la IA implica reconocer los vínculos de poder que existen detrás de estas herramientas.
Finalmente, algunas mujeres consideran que, a pesar de la utilidad potencial de la IA, prefieren no incorporarla en sus vidas diarias. Joanna Lumley, actriz británica, coloca el foco en el valor de sus habilidades actuales en comparación con lo que la IA puede ofrecer.
En conclusión, la brecha de género en el uso de la IA no responde a un rechazo absoluto, sino a un complejo entramado de percepciones, expectativas y preocupaciones que deben ser abordadas. El desafío es construir un entorno que no solo incentive el uso de la Inteligencia Artificial, sino que también garantice su accesibilidad y utilidad para todas las personas, independientemente de su género. La IA ya forma parte de nuestras vidas, y son los usuarios quienes definirán su futuro e inclusión.
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