Desde la Estación Espacial Internacional (ISS), la astronauta y bióloga marina Jessica Meir comparte su experimento cotidiano: cómo adapta el cuidado de su cabello rizado para hacer frente a la microgravedad. Desde que llegó a la ISS en febrero de 2026 como parte de la Expedición 75 y la misión SpaceX Crew-12, Meir ha estado involucrada en una fascinante exploración de la vida en el espacio, que incluye no solo la investigación científica, sino también las demandas de la rutina diaria en un ambiente sin gravedad.
En un reciente video en Instagram, Meir destaca las innovaciones necesarias para un acto tan simple como lavarse el cabello. Sin gravedad, el agua no se escurre ni desciende, lo que provoca que se formen gotas que pueden flotar alrededor de la cabina, potencialmente afectando equipos vitales. Esto lleva a la tripulación a utilizar pequeñas cantidades de agua, toallitas y productos como shampoo sin enjuague, lo que representa un cambio significativo respecto a nuestra concepción de la higiene personal en la Tierra.
El proceso comienza con la identificación de una bolsa de bebida llena de agua caliente. Meir aplica el líquido en su cuero cabelludo junto con el shampoo, evitando así que las gotas floten. Esta técnica no solo es práctica, sino que también resalta un aspecto interesante de la microgravedad: el cabello tiende a mantener más volumen y a quedar lejos de la cara, lo que puede ser especialmente útil durante el ejercicio físico.
Sin embargo, no todo es sencillo. La astronauta señala que el cabello, especialmente el rizado, puede engancharse en superficies como el velcro utilizado en la estación, lo que puede resultar incómodo. A pesar de esto, Meir observa que no necesitar un cepillo facilita el mantenimiento de su peinado, ya que el cabello se mantiene en su lugar, una ventaja que sorprende incluso a quienes tienen cabello lacio u ondulado.
Para secarse el cabello, Meir utiliza una prenda de tela, absorbiendo el exceso de agua, dado que no hay toallas tradicionales disponibles. Cualquier agua sobrante debe ser absorbida para evitar que se disperse. Además, la astronauta explica que tiende a usar solo una pequeña cantidad de acondicionador, ya que el producto puede acumularse en el entorno de microgravedad. Aun así, Jessica no oculta su deseo de una buena ducha al regresar a la Tierra, reconociendo las limitaciones del acondicionamiento que puede llevar hasta en el espacio.
El cuidado personal en la ISS no solo se limita al cabello. La higiene dental también presenta retos, ya que los astronautas humedecen su cepillo con agua de bolsas de bebida y deben manejar la pasta dental de manera que minimice los residuos. Por otro lado, la ropa no se lava en el espacio. Los astronautas utilizan prendas que han sido diseñadas para durar varios días sin necesidad de limpieza, lo que contrasta con el pasado, donde estaciones como Skylab contaban con duchas efectivas.
En términos de sostenibilidad, la NASA ha implementado un sistema que recicla el agua continuamente, recuperando la humedad del aire para convertirla en agua potable. Este enfoque innovador es esencial para la vida en el espacio, donde cada recurso cuenta.
A medida que avanza la tecnología y la comprensión de la vida en el espacio, los astronautas continúan adaptando sus rutinas cotidianas a estos desafíos únicos. La experiencia de Meir es un claro recordatorio de la adaptabilidad humana y de cómo el entorno espacial nos obliga a repensar aspectos fundamentales de nuestra vida diaria.
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