Una innovadora tecnología desarrollada por investigadores de la Universidad Iberoamericana (IBERO) promete revolucionar el reciclaje de botellas de PET, un problema ambiental cada vez más apremiante. Gracias a este avance, será posible transformar completamente una botella de PET en materia prima de alta calidad, sin las limitaciones que impone el reciclaje tradicional.
El PET, o tereftalato de polietileno, es un tipo de plástico que ha ganado popularidad por su versatilidad, pero también ha contribuido a la generación de enormes cantidades de residuos. Cada año, el mundo produce aproximadamente 350 millones de toneladas de plásticos, de las cuales más de 42 millones pertenecen a este material, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). En México, el desafío es aún más apremiante: se consumen alrededor de 750,000 toneladas de ácido tereftálico anualmente para la producción de PET, pero solo un 30% de este material se recicla efectivamente, dejando cerca de 470,000 toneladas sin ser valorizadas.
La innovación de IBERO, liderada por los investigadores Jorge Ibáñez Cornejo, Rubén César Vásquez Medrano y Arturo Fregoso Infante, consiste en un proceso que descompone químicamente el PET para recuperar ácido tereftálico y otros componentes valiosos. A través de un método electroquímico, también se logra obtener hidróxido de sodio, lo que no solo reduce el consumo de reactivos, sino que genera hidrógeno y oxígeno como subproductos. Este ácido tereftálico recuperado tiene la misma calidad que el producido a partir del petróleo, lo que permite su reincorporación a la cadena de producción sin comprometer las características del material.
Este avance no solo busca cerrar el ciclo del reciclaje de PET, sino transformar la manera en que concebimos los plásticos. Al recuperar las materias primas originales, se amplían las posibilidades de aprovechamiento del material, abriendo la puerta a la producción de nuevas botellas, así como de fibras de poliéster, resinas y otros productos industriales. La industria textil, por ejemplo, podría beneficiarse significativamente; con una producción global que ronda los 80 millones de toneladas de fibras de poliéster al año, una sola botella desechada podría convertirse en ropa deportiva, textiles o envases.
Sin embargo, esta tecnología aún se encuentra en etapa de laboratorio, lo que representa un desafío crucial: escalar el proceso a una capacidad industrial. Para que esta innovación pueda integrarse efectivamente a las cadenas de reciclaje en gran escala, será esencial demostrar su viabilidad técnica y económica.
El avance en el reciclaje de PET que está siendo desarrollado en IBERO es un rayo de esperanza en un panorama sombrío. Con el compromiso de la comunidad científica y la industria, podría marcar un antes y un después en la búsqueda de soluciones sostenibles para uno de los problemas más graves de nuestra era. En un momento en que la contaminación plástica es una de las amenazas más significativas para nuestro planeta, innovaciones como esta brindan una alternativa viable y necesaria para reducir la huella ecológica del ser humano.
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