En un hito significativo para la zoología, científicos han oficializado la identificación de una nueva especie de rana en los bosques del Chocó ecuatoriano. Este anfibio, conocido como Pristimantis milpe, había estado confundiéndose con otra especie durante más de un siglo. La revelación fue publicada el 16 de agosto de 2026, y marca un avance esencial en la comprensión de la biodiversidad en esta región.
El estudio, liderado por investigadores de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, sirvió para aclarar una confusión taxonómica que había perdurado durante más de 100 años. El principal autor del trabajo, Santiago Ron, viajó a Inglaterra para examinar los ejemplares históricos recolectados en Ecuador en el siglo XIX, resguardados en el Museo de Historia Natural de Londres. Su análisis comparativo entre estos especímenes y las poblaciones actuales del Chocó fue crucial para establecer que el nombre previamente asignado a la especie había sido incorrecto.
La investigación se fundamentó en el estudio de 375 individuos y el análisis de 4.584 pares de bases de ADN, así como en comparaciones morfológicas y bioacústicas. Estas pruebas colocaron a Pristimantis milpe entre especies cercanas como Pristimantis degener y Pristimantis mindo, mostrando una separación evolutiva de aproximadamente 7,5 millones de años con la primera.
Este hallazgo es especialmente significativo ya que Pristimantis milpe, común en los ecosistemas del oeste de Ecuador y sur de Colombia, reside en una vasta área que supera los 67.000 kilómetros cuadrados. Su hábitat abarca desde el nivel del mar hasta los 1.200 metros; un rango que destaca en contraste con otras ranas recientemente descritas, que suelen encontrarse en zonas restringidas.
Además, se ha caracterizado a la rana ladrona de Milpe como un anfibio nocturno, cuyos machos emiten un llamado fuerte y distintivo desde las hojas de arbustos y bromelias. La investigación subraya las diferencias morfológicas entre machos y hembras, revelando que las hembras presentan un patrón de color único en la ingle y los muslos, mientras que los machos muestran tonalidades más uniformes.
La identificación formal de esta especie da cuenta de la importancia de vincular correctamente los nombres científicos con las poblaciones vivas en la naturaleza. Jhael Ortega, uno de los colaboradores del estudio y estudiante de doctorado en Virginia Tech, afirma que este caso resalta la necesidad de seguir investigando y clarificando la taxonomía de especies a menudo pasadas por alto.
Finalmente, el trabajo realizado con estos ejemplares históricos no solo permite actualizar clasificaciones, sino que también es crucial para la conservación de la diversidad biológica en la región. El hecho de que una especie común haya sido negligida durante tanto tiempo resalta que aún quedan muchas preguntas por responder en el ámbito taxonómico, incluso sobre animales que son considerados familiares y bien conocidos.
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