La curiosidad, las ocurrencias y el entusiasmo son rasgos distintivos de la infancia, permitiendo a los niños crear historias llenas de imaginación mientras juegan o hacen preguntas sin miedo al juicio. Estas habilidades son fundamentales para cultivar un liderazgo auténtico. En el contexto del Día del Niño, que se celebra cada 30 de abril, es imperativo reconocer que las cualidades de los infantes, si se conservan en la adultez, brindan una ventaja significativa en el mundo organizacional.
Cuando un niño es escuchado, no solo se siente empoderado, sino que se planta una semilla poderosa que fomenta el liderazgo en diversas áreas de la vida. Mercedes Jahn, cofundadora de Jahn Institute, subraya la importancia de este empoderamiento desde una edad temprana. A medida que crecemos, la curiosidad tiende a disminuir y se incrementa el miedo al juicio, lo cual puede llevar a un liderazgo estresado o carente de habilidades efectivas para gestionar equipos.
En el ámbito corporativo, la competencia puede hacer que perdamos de vista la importancia del cuidado del equipo. En contraposición, los niños celebran los logros de sus compañeros, y es posible que los líderes deban aprender a reencontrarse con este espíritu infantil que abraza sin miedo.
Existen varias estrategias para fomentar el liderazgo desde temprana edad:
Validar las emociones: Un niño que expresa sus emociones, ya sea mediante un berrinche o un grito de alegría, está en un proceso de regulación emocional. Validar estas expresiones es crucial para que, en el futuro, puedan manejar el enojo y evitar consecuencias negativas para su salud mental.
Dejar que tomen decisiones: Permitir que los niños elijan entre opciones simples, como la ropa o el deporte que desean practicar, fortalece su confianza y les enseña sobre las consecuencias de sus elecciones, tanto positivas como negativas.
Respetar su autenticidad: Evitar comentarios que juzguen su personalidad es esencial. Cualquier juicio que lleve a comparaciones puede limitar su autenticidad y desarrollo personal.
- Ser congruente: Los adultos deben ser ejemplos de los valores que desean transmitir, como la tolerancia, la compasión y el respeto, ya que los niños son observadores astutos de su entorno.
A medida que los individuos crecen, pueden olvidar comportamientos valiosos de la infancia, como la curiosidad. Los líderes deben recordar que hacer preguntas es vital para eliminar la noción de que deben saberlo todo. Además, aprender a celebrar los logros de los demás es crucial para fomentar un entorno positivo.
Finalmente, es notable cómo los niños adaptan sus juegos a su comodidad, algo de lo que muchos adultos pueden beneficiarse. Muchas personas mantienen situaciones incómodas por miedo a salir de su zona de confort, mientras que los niños buscan nuevas dinámicas sin dudarlo.
La información presentada refleja datos y consejos relevantes a la fecha de publicación original (2025-04-30). Si bien muchos de estos conceptos se mantienen, la práctica de inclinarse hacia el liderazgo desde la infancia es más relevante que nunca en una sociedad que sigue evolucionando.
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