La segunda semana de marzo trajo consigo datos económicos de gran relevancia, reflejando la situación actual tanto en México como en Estados Unidos. Entre el 9 y el 13 de marzo de 2026, el enfoque estuvo en la inflación, el comercio exterior y la actividad industrial, aspectos que marcan la vitalidad de las economías en estos tiempos inciertos.
Comenzando en México, la inflación experimentó un notable repunte, alcanzando un 4.02% anual en febrero, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Este incremento posicionó la cifra por encima del objetivo del Banco de México, que se establece en 3% más/menos 1 punto porcentual. Este comportamiento inflacionario, el más alto desde junio de 2025, se atribuye a los recientes cambios fiscales que han impactado en el precio de productos básicos como cigarros y bebidas azucaradas. En marzo, los consumidores urbanos necesitaron $4,877 pesos para acceder a la canasta alimentaria y de servicios, mientras que en el ámbito rural la cifra fue de $3,494 pesos. Este aumento en el costo de vida contrasta severamente con la inflación general, sugiriendo presiones adicionales sobre los presupuestos de los hogares.
En el ámbito del comercio, el superávit de México con Estados Unidos se redujo en un 20.5% en enero a $10,930 millones de dólares, la mayor caída interanual desde agosto de 2009. Este descenso se debió a un crecimiento más lento en las exportaciones, que crecieron un 2%, en comparación con un incremento del 13.1% en las importaciones. La situación es interesante ya que refleja una erosión en lo que ha sido un superávit sostenido a lo largo de los últimos años bajo el Tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
Otro dato preocupante es la actividad industrial, que cayó 1.1% en enero después de tres meses de avance. Esta disminución en la producción refleja complicaciones en sectores clave y un posible enfriamiento económico. En particular, la manufactura y la construcción mostraron retrocesos significativos, evidenciando un debilitamiento en la dinámica de crecimiento.
En Estados Unidos, el panorama es igualmente preocupante. Se revisó a la baja el Producto Interno Bruto (PIB) del cuarto trimestre de 2025 a un escaso 0.7% de crecimiento, significativamente inferior al 1.4% inicialmente estimado. Esta corrección proviene de un enfriamiento en el gasto de consumidores y en la inversión, creando un entorno más incierto para la economía estadounidense.
Por otro lado, la inflación en Estados Unidos se mantuvo estable en 2.4% interanual en febrero, un signo de moderación aunque también un reflejo de las tensiones en el mercado global por factores externos, como la reciente escalada de precios del petróleo con el estallido de conflictos en Oriente Medio.
Estos indicadores económicos son fundamentales para entender el estado actual y futuro, tanto de México como de Estados Unidos, en un momento donde la incertidumbre política y económica parece marcar el rumbo de las decisiones empresariales y de consumo. La situación exige un seguimiento cercano, ya que cada ajuste en estas cifras puede tener repercusiones importantes en la vida diaria de los ciudadanos y en las proyecciones de crecimiento de ambas naciones.
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