Cuando Randy Carr decidió abrir una fábrica en el centro de México en 2005, se sintió atraído por los bajos salarios del país y la promesa de un tratado de libre comercio con Estados Unidos. Durante dos décadas, su planta, dedicada a la producción de parches bordados y emblemas personalizados, creció hasta emplear a 800 personas. Sin embargo, la situación cambió drásticamente en 2025.
Tras las amenazas del entonces presidente estadounidense Donald Trump de imponer aranceles del 25% a importaciones provenientes de México y Canadá, Carr optó por diversificar su negocio y centrarse en la República Dominicana. Este movimiento no fue aislado; la incertidumbre generada por las tensiones comerciales y la posible revisión del tratado de libre comercio, conocido como T-MEC, está llevando a muchas empresas a reconsiderar sus inversiones en México.
Pese a que México ha logrado evitar los aranceles más severos que Trump ha prometido, las empresas enfrentan un ambiente de incertidumbre constante. En julio de 2026, Washington decidió no renovar el T-MEC, reemplazándolo por revisiones anuales, lo que agrega más dudas sobre el futuro del comercio entre los tres países. Esta falta de claridad está disuadiendo nuevas inversiones y ha llevado a algunas empresas mexicanas a explorar oportunidades de reubicación en Asia. Más de una docena de líderes empresariales han manifestado a medios de comunicación que están evaluando sus planes de expansión y, en casos extremos, la posibilidad de abandonar México.
La reciente reforma judicial en México, implementada en 2024, que introdujo jueces electos en lugar de designados, ha generado preocupación adicional respecto al Estado de derecho en el país, complicando aún más el panorama para los inversores. Ejemplares de empresas de autopartes en Aguascalientes han expresado su inquietud, considerando opciones como Vietnam, que ha visto un crecimiento acelerado en su industria automotriz.
La Cámara de Comercio Americana (AmCham) en México, que representa a más de 1,450 empresas, ha señalado que la inseguridad en torno al T-MEC podría llevar a una disminución significativa en inversiones futuras. “Si continuamos en esta rutina de renegociaciones, es preferible buscar alternativas”, comentó Pedro Casas, director ejecutivo de AmCham.
Pese a estos desafíos, la economía de México sigue mostrando resiliencia. En el segundo trimestre de 2026, el país experimentó un crecimiento del 1.4%, el mejor desde 2022, impulsado en gran parte por exportaciones de tecnologías relacionadas con la inteligencia artificial hacia Estados Unidos. Esta dinámica resalta la dependencia de México en su vecino del norte, donde casi el 80% de sus exportaciones tienen como destino el mercado estadounidense.
Aunque la inversión extranjera directa alcanzó cifras récord en 2026, la mayoría fue reinversión de utilidades y solo un 7.8% correspondió a nuevas inversiones. Las cifras preliminares indican una caída del 13% en la nueva inversión en comparación con el año anterior, lo que sugiere que el país podría estar enfrentando dificultades para atraer capital nuevo.
Además, los proyectos “greenfield” están en declive, con una reducción a 24,000 millones de dólares en 2025, lo que evidencia una aprehensión por parte de los inversores ante la incertidumbre económica. Carlos Serrano, economista jefe de BBVA México, explicó que, si bien ya existen plantas en el país, las nuevas empresas podrían pensar dos veces antes de establecerse.
Por su parte, Carr ha comenzado a reducir su plantilla en México, planeando una disminución del 50%. A pesar de los desafíos, su nueva planta en la República Dominicana, inaugurada en 2026, ya está dando frutos y genera empleos, a pesar de un arancel del 10% que se aplica a las importaciones desde Estados Unidos. La ambiciosa estrategia de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, conocida como “Plan México”, busca revitalizar la manufactura y potenciar las industrias nacionales, pero la falta de resolución sobre el futuro del T-MEC sigue siendo una sombra sobre estas iniciativas.
En este ambiente de creciente incertidumbre, el futuro de las inversiones en México no solo depende de las decisiones políticas internas, sino también de las dinámicas del comercio internacional y las relaciones con socios clave.
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