Ha tenido que llegar un hombre bondadoso, afable, sonriente y veraz para hacernos ver lo revolucionario que será siempre llevar la contraria. Ahora que se estilan la mala baba y los colmillos ensangrentados, la descalificación pedestre y el insulto anónimo, llega un trovador de sangre uruguaya y nos enfrenta a un concepto en este momento transgresor y desconcertante: la concordia. Lo de Jorge Drexler no es buenismo, neologismo que quizá contenga algo de insidia y pacatería, de espíritu blandengue. Lo de nuestro protagonista de este miércoles era, más bien, humanismo. O humanidad. O, todavía más sencillo y comprimido: poesía.



