En cualquier rincón del mundo, desde las bulliciosas calles de Madrid hasta los tranquilos parques de un pequeño pueblo en Lombardía, la figura del jubilado curioso es casi omnipresente. Estos observadores, a menudo llamados umarell, son esos mayores que, con una mirada atenta y un consejo no solicitado, llegan a ser parte del paisaje urbano. Recientemente, se ha generado un debate interesante sobre cómo aprovechar este talento y experiencia en lugar de dejarlos al margen de la sociedad.
En Italia, esta observación ha tomado forma de una propuesta innovadora en Villasanta, un pueblo de apenas 14,000 habitantes en la región de Lombardía. La idea fue clara: capitalizar la curiosidad y conocimiento de los umarell mediante su profesionalización. A través de una convocatoria, el Ayuntamiento reclutó un selecto grupo de jubilados, que no solo son entusiastas observadores, sino que también poseen formación técnica en campos como la arquitectura, la ingeniería y la topografía.
El programa de umarells en Villasanta se organiza de manera estructurada. Cada miembro colabora de forma voluntaria, supervisando obras públicas, revisando el estado de las calles y participando en la evaluación del mantenimiento de las áreas verdes. Este enfoque no solo les proporciona a ellos un sentido de propósito, sino que también ofrece a las autoridades locales un recurso valioso para garantizar la calidad de los servicios.
La figura del umarell tiene su origen en Bolonia, donde el autor Danilo Masotti acuñó el término en 2005. Desde entonces, este concepto ha ganado popularidad en distintas partes de Italia, incluso llevando a la creación de espacios físicos, como la Piazzetta degli Umarells en Bolonia, dedicada a estos veteranos entusiastas de las obras.
Las tareas diarias de los umarells incluyen no solo la supervisión de proyectos, sino también la recolección de datos, como encuestas sobre el tráfico, lo que contribuye significativamente al funcionamiento eficiente del municipio. Este modelo permite que el Ayuntamiento tenga un seguimiento más preciso de sus trabajos y, al mismo tiempo, ofrece a los jubilados la satisfacción de ser útiles para la comunidad.
Esta idea, que combina curiosidad, experiencia y un deseo de contribuir, representa un cambio positivo en la percepción de la jubilación en la sociedad moderna. Al involucrar a estas personas activamente, Villasanta ha logrado no solo optimizar la supervisión de sus servicios, sino también fortalecer el tejido social al ofrecerles un lugar significativo en la comunidad.
La iniciativa de Villasanta resalta cómo, en lugar de dejar que la experiencia y el conocimiento de los jubilados se desperdicien, se puede encontrar valor en ellos, dándoles roles activos en la sociedad. Este ejemplo puede inspirar a otras localidades a considerar formas alternativas de involucrar y valorar a sus adultos mayores, transformando la relación entre la jubilación y la contribución social.
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