La visita de Francesca Ferrando, filósofa italiana y profesora en la Universidad de Nueva York, ha generado gran interés en el ámbito académico y cultural en México. Este evento, organizado por el Tecnológico de Monterrey, campus Estado de México, dio pie a una enriquecedora conversación sobre el posthumanismo, marcando la anticipación por la publicación en español de su libro El arte de ser posthumano.
Ferrando, quien ha sido influenciada por notables pensadores como Rosi Braidotti y Achille C. Varzi, ha compartido su visión del posthumanismo como una propuesta que busca deconstruir la noción del sujeto humano, desafiando el antropocentrismo actual. En su perspectiva, cuestionar esta jerarquía es esencial para comprender las interacciones entre seres humanos y otros organismos que contribuyen a nuestra realidad colectiva.
Una de sus ideas centrales es que la realidad se construye a través de la narrativa, sugiriendo que el término “posthumano” redistribuye categorías que, hasta ahora, se consideraban definitivas. Esto permite una reflexión sobre la noción de "humano", que, a lo largo de la historia, ha sido utilizada para establecer divisiones jerárgicas y, en ocasiones, excluyentes.
Ferrando también destaca que aspectos como el colonialismo y la guerra derivan de percepciones erróneas y reduccionistas de la realidad, manifestando que una crítica a la mirada antropocéntrica es indispensable para avanzar hacia una mejor comprensión del mundo. Señala que la academia, históricamente, ha perpetuado escalas jerárquicas en su análisis de la humanidad, evidenciando prejuicios raciales y de género que han sido aceptados como conocimiento legítimo.
Esta mirada crítica invita a una reforma en el ámbito académico, no sólo para transformar la enseñanza, sino también para navegar el complejo contexto social contemporáneo. Ferrando exhorta a que la academia sirva como un espacio de interrogación constante, donde el debate y el intercambio de ideas puedan florecer, en contraposición a un enfoque rígido que busca respuestas definitivas.
Asimismo, reflexiona sobre la reciente pandemia, donde la filosofía tradicional enfrentó dificultades si se limitó al ámbito teórico sin considerar su aplicación práctica. La crisis del COVID-19 dejó en evidencia que las formas de pensar deben adaptarse y evolucionar, sugiriendo que, en lugar de buscar certezas, es preferible fomentar un entorno donde surjan nuevas preguntas.
Este enfoque invita a una reconsideración profunda del conocimiento y la función de la academia en la sociedad. Ferrando plasma su esperanza en un futuro donde la filosofía y otras disciplinas se conviertan en catalizadores para un entendimiento más inclusivo y comprensivo de las dinámicas globales, enfatizando que el posthumanismo no debe ser visto como un destino, sino como un proceso continuo de reflexión y crecimiento.
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