La caída de Fisker: un viaje tumultuoso en el mundo de los vehículos eléctricos
Henrik Fisker soñó con construir un imperio en el sector de los vehículos eléctricos al fundar su empresa homónima, con la Ocean SUV como su buque insignia. Sin embargo, su ambición tropezó con múltiples obstáculos casi desde que el modelo comenzó a ser entregado en 2023.
Desde ese momento, la compañía anunció repetidas reducciones de sus metas de producción. Problemas como la incapacidad para cumplir con las proyecciones de ventas y despidos de personal marcarían el inicio de su declive. A su vez, la Ocean SUV enfrentó serios problemas mecánicos y de software que incluso hicieron que algunos vehículos fueran inoperables, llevando a una serie de investigaciones de seguridad.
El 1 de diciembre de 2023, Fisker anunció la cuarta reducción de su guía de producción para el año, modificando las expectativas de 10,000 vehículos, una cifra que representaba una notable disminución en comparación con las proyecciones optimistas del año anterior.
La situación se volvió aún más grave en 2024. La compañía no alcanzó su meta interna de ventas, aspirando a entregar entre 100 y 200 SUVs eléctricos al día, pero a menudo lograba vender solo una fracción de esa cifra. La presión aumentó cuando la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras (NHTSA) abrió investigaciones sobre quejas relacionadas con pérdidas de potencia y problemas de frenos en la Ocean SUV.
El panorama se oscureció aún más con el anuncio de que Fisker despediría al 15% de su personal, afirmando que podría no tener suficiente capital para sobrevivir a los próximos 12 meses. En medio de la crisis, la compañía se vio obligada a pausar la producción de su SUV eléctrico en busca de financiación.
El 18 de junio de 2024, tras un año de lucha, Fisker se vio obligado a solicitar protección por bancarrota bajo el Capítulo 11. Según los registros, la compañía tenía activos entre 500 millones y 1,000 millones de dólares, pero sus pasivos oscilaban entre 100 millones y 500 millones de dólares.
Las dificultades se acumularon cuando la empresa perdió una oportunidad de inversión crucial que podría haber rescatado sus operaciones. A finales de marzo, las acciones de Fisker fueron suspendidas en la Bolsa de Valores de Nueva York debido a un precio anormalmente bajo, y la situación se deterioró al punto de que los registros revelaron que habían perdido la pista de millones de dólares en pagos de clientes.
En medio del caos, la compañía emitió su primer recall en junio, y el 7 de octubre, el Departamento de Justicia cuestionó la legalidad de su plan para que los propietarios cubrieran costes de reparaciones por recalls. A pesar de estos desafíos, el 16 de octubre el tribunal de quiebras aprobó el plan de liquidación de Fisker, permitiendo la venta de su inventario.
Finalmente, en agosto de 2025, se informaba que Henrik Fisker y su esposa, Geeta, habían disuelto su fundación benéfica, la cual, según registros fiscales, nunca había otorgado más de 100,000 dólares, poniendo de relieve el fallido empire que habían intentado construir en el sector de los vehículos eléctricos y su posterior desmantelamiento.
A través de esta saga, la historia de Fisker es un recordatorio impactante de los desafíos que enfrenta un nuevo jugador en la industria automotriz, donde la ambición debe ir acompañada de preparación y procesos sólidos para evitar que un sueño brillante se convierta en una pesadilla.
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