La controversia en torno al crédito autoral ha cobrado fuerza en los últimos meses, especialmente en el contexto de la creciente influencia de la inteligencia artificial (IA) en la escritura. Recientemente, la editorial Hachette canceló el lanzamiento de Shy Girl tras acusaciones de que fue creado con la asistencia encubierta de IA, lo que ha generado un intenso debate entre autores y críticos sobre la ética de la autoría en la era digital. Este episodio se suma a las tensiones suscitadas por la aplicación Grammarly, que había prometido coaching de escritura basado en modelos de autores tanto vivos como fallecidos, sin su autorización ni compensación, un servicio que finalmente fue descontinuado.
Este descontento pone de manifiesto un fenómeno ya existente en el sector editorial: la incapacidad de algunas personas con ideas brillantes de transformarlas en un manuscrito debido a la falta de habilidades, experiencia o tiempo. Actualmente, herramientas de IA están al alcance de todos, ofreciendo una solución a quienes podrían necesitar asistencia en este ámbito. Sin embargo, es crucial recordar que estas tecnologías se alimentan de trabajo creativo no compensado, lo que plantea preocupaciones sobre el plagio y la deshonestidad.
Por ende, surge la defensa de una profesión a menudo menospreciada: la escritura fantasma. Este oficio ha sido objeto de críticas, con lectores que se sienten traicionados al descubrir que la figura en la portada de un libro no refleja toda la historia. El ejemplo más reciente lo ofrece la actriz Millie Bobby Brown, quien, tras publicar una novela sobre la vida de su abuela con ayuda de un escritor fantasma, enfrentó un aluvión de críticas.
No obstante, la percepción negativa del ghostwriting ha comenzado a modificar su imagen. Políticos como el gobernador de California, Gavin Newsom, han reconocido públicamente el trabajo de sus ghostwriters en sus memorias, mientras que celebridades como Demi Moore han incluido agradecimientos a sus colaboradores en proyectos recientes. Este reconocimiento puede hacer que el trabajo conjunto dé lugar a obras exitosas; por ejemplo, The Meaning of Mariah Carey, que se posicionó como un best-seller gracias a la colaboración con una editora reconocida.
Además, en el ámbito de la publicación, se ha observado que las memorias y autobiografías escritas con la ayuda de ghostwriters suelen resonar más con el público. Claire Parker y Ashley Hamilton, quienes durante cinco años condujeron un podcast sobre memorias de celebridades, han admitido que prefieren las obras de consenso creativo. Para ellos, la escritura de figuras destacadas en otros ámbitos, como la música y la actuación, no siempre se traduce en habilidades narrativas sobresalientes.
Las colaboraciones en la escritura pueden oscilar entre el ghostwriting puro y la coautoría, haciendo que las líneas entre ambos sean difusas. Aunque este tipo de trabajo podría verse amenazado por la IA, de momento, solo una interacción humana con los autores logra profundizar la conexión emocional necesaria para crear una narrativa auténtica y efectiva. Por ejemplo, Caitlyn Alario, poetisa y ghostwriter, cuenta cómo un cliente intentó usar IA y, al final, se dio cuenta de que el resultado no reflejaba su voz auténtica ni su intención.
Las cifras hablan por sí solas: un estudio de 2024 reveló que uno de cada tres escritores fantasma gana más de 100,000 dólares anuales, en contraste con los ingresos medianos de escritores publicados por las grandes editoriales, que apenas alcanzan los 15,000 dólares. Por lo tanto, este modelo de negocio no solo beneficia a los autores, sino que también proporciona a los escritores una medio de vida sostenible.
La escritura fantasma, cuando se realiza de manera respetuosa y colaborativa, no solo genera ingresos para los escritores, sino que también ofrece a los autores sin experiencia la oportunidad de producir obras de calidad. En un entorno saturado de contenidos generados por IA, la importancia de la escritura cuidadosa y el arte de contar historias bien elaboradas se hace evidente. Por consiguiente, siempre será recomendable optar por la experiencia de un profesional humano, más que depender de modelos de IA, que no pueden replicar la conexión emocional y la profundidad de la experiencia humana.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


