Una investigación internacional revela inquietantes hallazgos sobre los patrones de extinción de mamíferos, sugiriendo que las tendencias históricas no siempre predicen la vulnerabilidad actual de las especies. Según datos del 23 de agosto de 2026, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) estima que uno de cada cuatro mamíferos podría extinguirse antes de finalizar este siglo. Este alarmante pronóstico se apoya en el hecho de que, en los últimos siglos, diversas especies han desaparecido a un ritmo al menos 100 veces mayor que antes de la llegada de los humanos.
Un equipo de científicos dirigido por la Universidad Noruega de Ciencias de la Vida y la Universidad de Wageningen, junto con la Universidad Estatal de Michigan, llevó a cabo un estudio publicado en la revista Science Advances. El objetivo fue analizar la capacidad predictiva de los patrones históricos de extinción en relación con la vulnerabilidad actual de los mamíferos en riesgo.
El análisis se basó en registros fósiles, datos de distribución y imágenes capturadas por cámaras automáticas a lo largo de 130,000 años, abarcando el periodo antes y después de la expansión humana. Este exhaustivo estudio evaluó 210 especies de mamíferos de bosques tropicales en 64 sitios ubicados en África, Asia y América. Entre las especies analizadas, 199 aún habitan sus respectivos hábitats, mientras que 11 se han extinguido. Entre los desaparecidos se encuentran los pangolines gigantes, felinos con dientes de sable y mastodontes, así como algunos elefantes asiáticos y leopardos africanos que han dejado de verse en ciertas áreas.
Los resultados del trabajo revelaron que los mamíferos más vulnerables a extinciones compartían características particulares: cuerpos grandes, cerebros pequeños, una dieta carnívora y tasas de reproducción lentas. Sin embargo, al comparar estos patrones históricos con datos más recientes, se observó que algunos factores que antes se asociaban a la vulnerabilidad ahora parecen estar vinculándose con la resiliencia de las especies.
Por ejemplo, el tamaño del cerebro, que antes se consideraba una ventaja, ahora puede ser una desventaja en ciertas poblaciones actuales. De igual forma, el tamaño corporal grande y la reproducción lenta, que antes incrementaban el riesgo de extinción, ahora parecen relacionarse con una mayor resistencia.
La profesora Lydia Beaudrot, autora principal de la investigación, subraya que “los rasgos asociados con la supervivencia son diferentes” a lo largo del tiempo. Este cambio pone de relieve un vacío de información existente sobre muchas especies: cerca de 770, que representa casi el 15% de los mamíferos evaluados por la UICN, carecen de datos suficientes para determinar su estado de conservación.
Dado este escenario, los investigadores confían en que sus hallazgos permitirán mejorar la identificación de mamíferos en riesgo y guiar más efectivamente los esfuerzos de conservación. Sin embargo, advierten que no se puede asumir que los patrones históricos se aplican directamente a situaciones contemporáneas. Así, es fundamental considerar la dimensión temporal y contextual en el análisis de la biodiversidad y su conservación.
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