Mientras las principales autoridades de propiedad intelectual del mundo se reúnen en Ginebra, una transformación estructural está redefiniendo el paisaje de la economía global. En la actualidad, la riqueza y competitividad de las naciones ya no se fundamentan únicamente en activos físicos, sino que se basan cada vez más en la capacidad de generar intangibles como conocimiento, tecnología, software, datos, patentes y marcas.
No hace mucho tiempo, pareció inconcebible valorar una marca, un algoritmo o un software más que una línea de producción. Sin embargo, el informe “World Intangible Investment Highlights 2025” de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) revela que la inversión en activos intangibles no solo está en auge, sino que supera el crecimiento de la inversión en activos tangibles en varias economías líderes del mundo. Este fenómeno no es una simple moda, sino un cambio profundo en la forma en que se entiende la creación de valor.
El valor económico de una marca se extiende mucho más allá de la publicidad. De acuerdo con la OMPI, las marcas desempeñan un papel crucial en el funcionamiento efectivo de los mercados al reducir las asimetrías de información y el costo de búsqueda para los consumidores. En este sentido, ayudan a identificar la procedencia, calidad y reputación de productos y servicios, facilitando así decisiones de compra en contextos cada vez más complejos.
Adicionalmente, las marcas son un motor de innovación. Organismos como la OCDE han documentado que estas permiten a las empresas apropiarse de los beneficios derivados de nuevas propuestas y estrategias comerciales, incentivando la diferenciación y la innovación continua. En muchos sectores donde las innovaciones no se traducen en patentes, las marcas se convierten en un indicador valioso para medir la capacidad innovadora de las empresas.
Interesantemente, un aspecto importante de este valor permanece a menudo oculto en la contabilidad tradicional. Según el “Global Intangible Finance Tracker 2025” de Brand Finance, un asombroso 83% del valor intangible de las empresas queda sin reflejar en sus estados financieros. Este “valor invisible” incluye marcas construidas a lo largo de años de inversión y reputación.
Contrariamente a lo que se podría pensar, las marcas no son simplemente el resultado final de un proceso productivo. Son, en realidad, elementos fundacionales que permiten a las empresas capturar el valor de sus innovaciones, diferenciarse de la competencia y continuar invirtiendo en nuevos productos. En economía, se argumenta que los mercados operan más eficientemente cuando la información fluye libremente; en este contexto, las marcas cumplen un rol vital al condensar años de innovación y calidad en una señal clara que guía a millones de consumidores en sus decisiones diarias.
Así, el verdadero valor de las marcas no reside únicamente en su capacidad para distinguir productos o servicios, sino en su función facilitadora que permite que la riqueza generada por la innovación encuentre su camino hacia el mercado. En un mundo donde los activos intangibles desempeñan un papel cada vez más significativo, entender el valor económico de las marcas se convierte en un imperativo no solo para la propiedad intelectual, sino también para desentrañar cómo se genera riqueza, cómo compiten las empresas y cómo se construye el crecimiento sostenible de las naciones.
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