Las cifras son sin duda llamativas. Son las dos de la tarde en Argelia del día de las primeras elecciones legislativas tras la caída de Abdelaziz Buteflika. El colegio electoral se sitúa en Staoueli, en la franja costera occidental de Argel, la capital del país. Desde la apertura del centro han votado 217 personas, según tiene anotado a bolígrafo, en un cuaderno de cuadritos y anillas, una de las responsables de que allí la jornada fluya. No hay mucho trabajo a decir verdad. Eso sí, la participación en ese colegio, junto al conocido balneario Club des Pins, va en aumento a cada hora. En la primera fueron 13 votantes; en la última, 46 —a un par de manzanas, en otra escuela, no se ve un alma—. Argel es la grande ville y la abstención es mayor aquí que en el interior del país, pero este pequeño colegio no es mala muestra. Dos horas después, la participación, según el presidente de la Autoridad Nacional Independiente de las Elecciones, Mohamed Charfi, era del 14,47%, una cifra muy baja que traba la transición argelina dirigida por el presidente Abdelmajid Tebún. Los resultados se conocerán a lo largo de este domingo.
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Como esta joven, dedicada a la comunicación institucional, muchos argelinos han dado la espalda a las urnas en las citas electorales celebradas desde que dimitió Buteflika, en abril de 2019. La abstención en los comicios a los que Herzallah no acudió fue elevadísima, un 60% en la elección de Tebún y un 76% en la consulta sobre la reforma constitucional del pasado noviembre. El clima va por barrios, pero muchos aún miran con distancia la hoja de ruta del nuevo presidente argelino, que seguirá hacia delante. “Para mí, la participación no importa”, dijo Tebún tras depositar su papeleta en un colegio al este de Argel. “Lo que me importa es que aquellos por quienes vota la gente tengan suficiente legitimidad”.


