Países Bajos aprobó en 2001 la primera ley de eutanasia del mundo, con un Gobierno de socialdemócratas y liberales de derecha e izquierda en el poder, que supuso la culminación de un proceso madurado desde 1950, cuando se oyeron las primeras voces favorables a la práctica. Entre 1970 y 2001, hubo un goteo de casos en los tribunales saldados con la absolución de los facultativos implicados, que alegaron haber actuado ante una “situación de emergencia”.
Presentada por la entonces ministra de Sanidad Els Borst, médica ella misma, la norma entró en vigor en 2002, pero la eutanasia sigue considerándose una práctica extraordinaria en lugar de un derecho. Un acto fuera de lo normal, que el enfermo no puede exigir y los médicos tampoco están obligados a aplicar. Es más, si se vulnera alguno de los requisitos legales puede acarrear penas de hasta 12 años de cárcel.
Con casi dos décadas de recorrido, cuenta hoy con una aceptación social del 87% que ilustra el carácter personal atribuido entre la población a las decisiones sobre el manejo del fin de la vida. El legislador se enfrenta ahora al reto de las demencias asociadas al envejecimiento. Un terreno espinoso, porque la ley exige que el paciente esté lúcido y la pida libremente, algo a veces difícil en esos casos.
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Igual que la española, la ley holandesa permite tanto la administración de forma directa de fármacos por parte de un profesional sanitario, como que el paciente los reciba para causar su propia muerte (un suicidio asistido). El caso de la médica de familia Truus Postma se considera el primer gran proceso por eutanasia en ausencia de una legislación propia, y se hizo famoso en los años setenta también fuera del país.
Su madre, enferma terminal, había visto rechazadas sus solicitudes de ayuda a morir, y, en 1971, Postma le administró una dosis letal de morfina. El juez la condenó a una semana de cárcel condicional y a un periodo de un año de supervisión. Dos años después, en 1973 se fundó la Asociación holandesa para la Eutanasia Voluntaria.
De ellas, 16.309 fueron por demencia y 37.104 derivaron de un cáncer. Las eutanasias realizadas ese año fueron 6.361: 162 en casos de personas que padecían demencia y 4.100 de enfermos de cáncer, según Sandra Genet, portavoz de las cinco Comisiones Regionales que revisan los casos de eutanasia (RTE, por sus siglas holandesas). Las otras enfermedades por las que se practicó la eutanasia en 2019 fueron entre otras: desórdenes neurológicos, enfermedades cardiovasculares, desórdenes pulmonares, síndromes geriátricos múltiples, desórdenes psiquiátricos y en algunos casos, una combinación de desórdenes.


