México se encuentra en una encrucijada histórica con el potencial de transformarse de ser un simple ensamblador de productos farmacéuticos a convertirse en un actor crucial en la nueva geopolítica de este sector. En un reciente conversatorio en el Senado sobre biotecnología, investigación y propiedad intelectual, expertos y legisladores coincidieron en que es imperativo que el país implemente una política industrial ambiciosa, apoyada por una integración regional y decisiones regulatorias firmes.
La realidad actual es clara: durante años, la industria farmacéutica mundial ha dependido en gran medida de unos pocos países, como China e India, que concentran hasta el 67% de los archivos de medicamentos antimicrobianos. México, por su parte, enfrenta una dependencia alarmante de insumos extranjeros, llegando casi al 99% en el caso de vacunas y biosimilares. Esta concentración no solo representa un desafío económico, sino un serio riesgo para la seguridad sanitaria del país, como se evidenció durante la pandemia de Covid-19.
Mientras el mundo avanza hacia la diversificación de sus cadenas de suministro, surge la pregunta crítica: ¿quiénes serán los nuevos socios turísticos y confiables? Según los participantes del conversatorio, la respuesta radica en cultivar el talento y la infraestructura local para fomentar la producción e innovación. Jaime López de Silanes, de la ANAFAM, argumentó que la inversión en investigación científica debería ser considerada la más rentable para la soberanía nacional.
Los asistentes subrayaron la necesidad de desarrollar biosimilares y biogenéricos que amplíen el acceso a tratamientos especializados. Además, se discutieron puntos fundamentales como la reducción de tiempos de aprobación de estudios clínicos, la creación de un marco regulador claro y equilibrado para la propiedad intelectual y la importancia de incentivar la investigación.
En este entorno, México se posiciona favorablemente gracias al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), que otorga acceso a un mercado integrado y a estándares regulatorios estadounidenses. Sin embargo, se necesita una revisión estratégica del T-MEC para institucionalizar la resiliencia del suministro farmacéutico en el país. María Fabiana Jorge propuso, entre otras medidas, que la FDA precalifique de manera independiente los ingredientes farmacéuticos activos (APIs) y que se establezcan incentivos claros para fomentar el “nearshoring”.
El diagnóstico es unánime: la dependencia actual es insostenible. Para convertir este momento en una oportunidad tangible, será crucial establecer incentivos, reglas claras y un ambiente regulatorio predecible. Los retos son concretos e incluyen la velocidad en la regulación, la coordinación entre los sectores público y privado, y la modernización de capacidades productivas.
Asimismo, se destaca que la industria farmacéutica en México está fragmentada y carece de liderazgo claro. Otro dilema es cómo equilibrar la protección de la propiedad intelectual con el acceso a medicamentos, garantizando la coexistencia de la industria de innovación, dominada por multinacionales, y la producción nacional de genéricos.
Frente a esta situación, es urgente que México construya una soberanía sanitaria real y que el nearshoring farmacéutico no se logre solo mediante decretos. Con el diagnóstico en la mesa, la tarea ahora es traducir este consenso en medidas concretas de política pública, inversión y resultados, aprovechando la ventana de oportunidad que se presenta en este nuevo contexto geopolítico.
En otro punto de discusión, la ANAFAM subrayó la importancia de establecer un marco regulatorio sólido ante la inminente revisión de la Ley Federal de Protección Industrial. La certeza jurídica es fundamental para atraer inversión, proteger la innovación y facilitar la producción nacional de biogenéricos y biosimilares. La discusión en el Senado es crucial, y el resultado deberá traducirse en confianza y desarrollo para el sector.
Finalmente, directivos de la industria expresaron su descontento debido a la adjudicación de ciertos medicamentos a laboratorios extranjeros sin considerar a las compañías nacionales con capacidad de producción, lo que refleja las complejidades y desafíos estructurales en el entorno de compras gubernamentales.
El camino por delante es desafiante pero lleno de posibilidades; México tiene la capacidad para pasar de ser un simple receptor de insumos a convertirse en una potencia en el sector farmacéutico. La decisión es clara: aprovechar esta oportunidad o quedarse atascado en la dependencia.
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