La reina Isabel II, la familia cercana, la lejana, casas reales europeas, cuerpos diplomáticos y de seguridad, políticos actuales y de tiempos pasados y hasta el repudiado príncipe Andrés han acudido este martes 29 de marzo a la que, a 10 días de cumplirse un año de su muerte, parece ser la despedida definitiva del duque de Edimburgo, quien fue esposo de la reina durante más de siete décadas. Desde las 10.30 de la mañana (hora de Londres, una hora más en la España peninsular) la abadía de Westminster, en la que Isabel y Felipe se casaron en noviembre de 1947, ha acogido a buena parte de la sociedad británica y de la aristocracia europea para el funeral del consorte real fallecido en abril de 2021.
Este evento, oficial y a la vez familiar (las familias reales que han acudido lo han hecho por expresa invitación de la monarca), ha sido la primera vez en cinco meses en la que se ha visto a Isabel II en público, y también la primera vez desde que pasó el coronavirus hace un mes. Finalmente, se la ha visto más allá de las fotografías que se habían publicado en este tiempo.
Ayudada por un bastón, la reina ha llegado acompañada, desde el coche y hasta el mismo altar de Westminster, de su hijo Andrés, caído en desgracia desde hace dos años y medio por su relación con Jeffrey Epstein, que lo obligó a retirarse de la vida pública en noviembre de 2019. Isabel II se ha sentado junto a su heredero, el príncipe Carlos; ahí Andrés se ha sentado en un segundo banco, junto a su hermano menor y ya más alejado de las principales figuras institucionales.
La reina y sus cuatro hijos —Carlos, Ana, Andrés y Eduardo— han estado acompañados de sus respectivas parejas, hijos y nietos. Además, han estado presentes en el servicio religioso la mayor parte de las familias reinantes de Europa. A los reyes de España, Felipe y Letizia, se les han unido la reina Margarita de Dinamarca; así como los reyes Carlos Gustavo y Silvia de Suecia; los reyes Felipe y Matilde de Bélgica; los reyes Guillermo y Máxima de Holanda con la madre del monarca, la exreina y ahora princesa Beatriz; la gran duquesa María Teresa de Luxemburgo; el príncipe Alberto de Mónaco (sin Charlene); y el príncipe heredero de Bahrein.
A la comitiva se han unido también Ana María de Grecia, aunque sin su esposo Constantino, delicado de salud, y dos de sus hijos: Pablo, con su esposa Marie-Chantal, y Felipe, con Nina Flohr. Kyril de Bulgaria, hijo de Simeón de Bulgaria, el último rey del país, también ha estado presente en la misa. Han faltado los reyes de Noruega, con Harald enfermo de coronavirus.
Pese a conocerse con anterioridad, la ausencia de Enrique de Inglaterra y de su esposa, Meghan Markle, ha sido sonada. Los duques de Sussex y sus dos hijos viven en California, EE UU, y han decidido no formar parte de esta última despedida al abuelo de Enrique, que acudió en cambio al reducido funeral oficiado en abril en el castillo de Windsor. Sí que ha estado su hermano mayor, Guillermo, y la esposa de este, Kate, recién llegados de su polémica gira por el Caribe. Los duques de Cambridge han acudido a la abadía acompañados de sus dos hijos mayores, Jorge y Carlota, de ocho y seis años, que han hecho allí su primer besamanos.
En el servicio ha habido lecturas y discursos y, finalmente, ha sonado el himno nacional. Para la ocasión, los hombres han vestido de traje de chaqueta —pese a que en un principio se habló de uniformes, finalmente se descartaron—, mientras que las mujeres han escogido colores oscuros, algunas negro y otras, como Isabel II, Camila de Cornualles, Ana de Inglaterra o la reina Letizia, verde oscuro, un color que es un alivio de luto, no tan solemne como el negro, y que se asocia a Escocia, tierra de la que procede el título del difunto esposo de la reina. Para la ocasión, la esposa de Felipe VI ha llevado un abrigo-vestido acompañado de un pequeño tocado en el mismo tono de la sombrerería madrileña Balel.
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