A medida que paseas por los vibrantes bulevares de la Ciudad de México, el cautivador aroma de la masa fresca en los calurosos comales te invitará a detenerte. Dirígete a uno de los muchos pequeños puestos callejeros donde los vendedores convierten la sencilla masa en deliciosos antojitos.
Entre estas “pequeñas delicias”, las quesadillas dobladas, los tlacoyos rellenos y los delicados sopes pueden tentar tu paladar, pero la gordita, un bolsillo de masa crujiente y generoso, destaca. A diferencia de otros antojitos elaborados con masa simple, la masa de la gordita se mezcla con chicharrón prensado, un auténtico estallido de sabor hecho a partir de trozos de cerdo frito. Esta combinación ofrece una textura abundante, trocitos crujientes y un sabor más profundo y salado que sus homólogos.
Una vez doradas en un comal caliente o fritas en aceite, estas “pequeñas gordas” se inflan, creando un bolsillo listo para ser cortado y rellenado con nopales, cebolla, cilantro, queso fresco y un toque de salsa. Sin embargo, esto es solo el inicio; las gorditas son una hoja en blanco para un sinfín de rellenos creativos: quesillo hilado, chorizo especiado o incluso un huevo frito completo.
Lo que hoy conocemos como un atractivo platillo callejero es el resultado de un legado culinario de siglos. El Códice Borgia, uno de los manuscritos indígenas más importantes que se conservan, describe una sociedad donde los platos a base de masa eran parte fundamental de la vida diaria. Entre estos, las empanadas redondas y rellenas que reconoceríamos hoy como precursoras de la gordita. La llegada de la influencia española en el siglo XVI, introduciendo el cerdo en la dieta mexicana, transformó aún más esta receta.
En la actualidad, las gorditas se presentan en una variedad impresionante, desde versiones refinadas en restaurantes hasta lujosos platillos callejeros. Un ejemplo destacado se encuentra en un puesto familiar que opera justo afuera del Mercado Medellín, en el barrio de Roma. La familia Peña Miramón ha forjado su reputación a través de su maestría con la masa. Allí, puedes observar cómo transforman una bola de masa en tlacoyos, sopes y quesadillas, cocinadas cuidadosamente en un comal a leña.
En este rincón, la gordita se ofrece en su forma más clásica: masa de maíz azul mezclada con trozos de chicharrón, cocinada hasta alcanzar una ligera crujiente por fuera y suaves interiores. Al final, la elección entre salsa roja o verde queda en tus manos; el nivel de picante varía cada día, por lo que se sugiere comenzar con unas pocas gotas y ajustar a tu gusto.
A medida que exploras las maravillas culinarias de la Ciudad de México, no olvides que cada bocado de gordita es un pequeño viaje a través del tiempo, un testimonio de un legado rico que sigue vivo en cada esquina. Si bien las tendencias gastronómicas cambian, el amor por este clásico plato callejero permanece inalterado, atrayendo tanto a locales como a visitantes en busca de auténticas experiencias culinarias.
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