La tilapia se ha convertido en un componente habitual en las cocinas de muchos hogares, apreciada por su sabor suave y un costo bastante accesible. Este pez, conocido en algunas regiones como mojarra, pertenece a varias especies de agua dulce, principalmente de las familias Oreochromis y Tilapia, originarias de África y Asia. Desde su introducción en México en 1964, su crianza se ha expandido considerablemente, especialmente en los estados de Jalisco, Chiapas, Veracruz, Nayarit y Sinaloa, donde representa una significativa fuente de proteína animal en muchas dietas.
A nivel nutricional, la tilapia se clasifica como pescado blanco y es valorada por su alto contenido proteico, alcanzando cerca del 20% en proteínas y con solo alrededor del 3% de grasa, lo que la postula como una opción beneficiosa para una alimentación equilibrada. Sin embargo, es importante tener en cuenta ciertos riesgos asociados con su producción intensiva. En muchos criaderos, los peces están sometidos a condiciones de hacinamiento que requieren el uso de antibióticos y químicos para mantener su salud. Además, la calidad nutricional de la tilapia puede verse afectada por la alimentación que recibe, que en muchos casos no se asemeja a la dieta natural.
Investigaciones han sugerido que algunas tilapias criadas en condiciones poco óptimas presentan niveles de mercurio que pueden ser comparables a los de ciertos peces de mayor tamaño, lo que hace recomendable un consumo moderado.
Frente a estas advertencias, no se trata de evitar la tilapia por completo, sino de ser discernidos en su selección. Optar por tilapia de procedencia confiable, como la proveniente de criaderos certificados en Perú o México, puede asegurar una alimentación sana y nutritiva. Es esencial evitar aquellas de origen dudoso, especialmente muchas de las importadas desde China, que pueden presentar problemas de calidad. Según la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), se ha advertido sobre la tilapia china que se vende congelada con una técnica de “glaseado”, la cual puede incorporar hasta un 40% de agua al peso total, llevando a engaños en su presentación y precio.
El mensaje es claro: la tilapia nacional ofrece un buen balance entre calidad y precio, y es un recurso que puede ser aprovechado, especialmente cerca de las grandes ciudades donde su producción es abundante. Esta es también una oportunidad para explorar alternativas igualmente accesibles y sabrosas para diversificar las comidas, como el barrilete o la corvina.
Así, continuar informándose sobre la procedencia y calidad de los productos que consumimos resulta clave para mantener una dieta saludable, en la que la tilapia, en condiciones adecuadas, puede seguir siendo una opción popular en nuestros menús.
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