En el mar Rojo, en Egipto, donde estos días se celebra la cumbre del clima COP27, es uno de los últimos refugios del mundo donde los corales resisten bien, de momento, al cambio climático.
Es así porque se trata de un enclave acuático forjado hace millones de años casi cerrado al océano Índico con apenas cambios bruscos de temperatura. “Esto facilita que sus corales soporten al menos un siglo más el calentamiento global”, ilustra el científico Mahmoud Hanafy, que lleva 40 años investigando el ecosistema. En el resto del planeta, el cambio climático y la actividad humana acabaron con alrededor de un 14% de ellos entre 2009 y 2018. Los expertos coinciden en que para finales de siglo apenas quedarán arrecifes en el mundo.
La desaparición de los arrecifes en el resto del mundo
Este caos esta directamente relacionada con los humanos y con el calentamiento que se intenta frenar en la cumbre de Sharm el Sheij. Aunque apenas ocupan un 0,2% del fondo oceánico, de ellos dependen el 25% de las especies marinas, pero unos 11.700 kilómetros cuadrados se perdieron entre 2009 y 2018 por el calentamiento global y la actividad humana, según el informe La situación de los arrecifes de coral del mundo: 2020, de la Iniciativa Internacional sobre los Arrecifes de Coral (ICRI). “Desde 2010 se ha producido una disminución continua de la cubierta de madréporas (un género de coral). Los peores efectos se han registrado en Asia meridional y oriental, Australia, el océano Pacífico, el Índico occidental, el golfo Pérsico y el golfo de Omán”, se lee. Y detalla que una de las principales causas de esta pérdida es un fenómeno llamado blanqueamiento de corales, bleaching en inglés, originado por el calor que soportan los océanos con la absorción de CO₂.
Estos animales coloniales tienen una boca por la que ingieren plancton, pero también necesitan los nutrientes que les proporcionan las zooxantelas, las coloridas microalgas que se incorporan a sus esqueletos y con las que conviven en una armoniosa simbiosis. Hasta que irrumpen los grados de más y se quiebra el círculo. “Algunas teorías plantean que esta interacción se rompe con el calor y expulsa a los simbiontes. Lo que se ve entonces es el esqueleto, blanco y brillante. Eso es que todavía no se han muerto del todo, pero no obtienen esa energía. Por lo tanto, se mueren de hambre”, sentencia el biólogo Manuel Aranda, de la Universidad King Abudullá de Arabia Saudí. En algunos casos, esta ruptura se puede revertir y reviven, pero en otros, unas algas similares a las malas hierbas de la tierra se apoderan de ellos . “Y una vez muertos, están muertos”, incide el investigador especializado en corales, que matiza el vaticinio: “Para 2050 se habrá perdido un 90% de lo que queda de arrecifes y para final de siglo, más aún”.
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Datos basados en información reportada originalmente por elpais.com.






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