Hay fotografías que parecen intentar capturar el tiempo, mientras que otras, conscientes de su imposibilidad, se convierten en una forma singular de contemplarlo. Esta dualidad es el eje central de la exposición que ha inaugurado la temporada cultural de la Delegación del Govern de la Generalitat de Catalunya en Madrid, que enfrenta la obra fotográfica del expresidente catalán Pasqual Maragall y del renombrado fotógrafo Toni Catany.
La muestra reúne más de un centenar de imágenes tomadas por Maragall con su teléfono móvil entre 2007 y 2010, durante los años en que fue diagnosticado con alzhéimer. Estas instantáneas, compartidas junto a las obras de Catany, ilustran no sólo un diálogo entre un experimentado profesional y un aficionado, sino también un encuentro profundo entre dos maneras de abordar la memoria. La práctica fotográfica de Maragall surgió de un deseo espontáneo por conservar momentos significativos, como señala su hija, Cristina Maragall. “Su objetivo no era crear arte, sino preservar su conexión con el presente”, apunta.
El contexto de estas imágenes añade una carga emocional adicional. Mientras enfrentaba problemas de visión por cataratas, los retratos se convirtieron en un medio para conservar su perspectiva del mundo. Su hija explica que cada fotografía captura no solo lo que él veía, sino también cómo se recordará su mirada. Algunas de estas imágenes fueron rescatadas por Carles Bosch, quien se interesó en su valor documental en el curso de un documental sobre la vida de Maragall y su lucha contra la enfermedad.
El vínculo emocional que Cristina destaca ilustra un intento de Maragall por permanecer presente a pesar de los desafíos de su estado de salud. Las fotografías reflejan una visión crítica y entrañable de la vida familiar, cotidianidades y una crítica sutil de su entorno, mientras comparte vivencias íntimas de sus nietos y su esposa.
Por otro lado, las fotografías de Toni Catany aportan una visión más contemplativa sobre el paso del tiempo y las huellas que dejamos. La elección de Catany como contrapunto a Maragall no es casual; su amistad se forjó en un intercambio de conocimientos sobre la verdadera vida de la comunidad, llevando incluso a Maragall a pernoctar en su hogar. Este vínculo permite establecer un diálogo visual en la exposición, como menciona uno de los comisarios, Toni Grau, al subrayar que “el origen de todo es la memoria”.
La exhibición, organizada por la Fundació Pasqual Maragall y la Fundació Toni Catany, incluye elementos personales del expresidente, como el antiguo teléfono Nokia con el que capturó sus imágenes. Asimismo, se reconoce en Maragall un pionero en la práctica del “selfie”, término que utilizaba en su tiempo como “autofotos”, creando un vínculo inesperado con la cultura visual contemporánea.
Más allá de ser simplemente una exposición artística, “La captura del tiempo” se erige como un estudio sobre lo que elegimos retenir cuando fotografiamos y cómo, a pesar de los estragos del alzhéimer, estas imágenes pueden ser un refugio de recuerdos, incluso para quienes están perdiendo sus propios recuerdos. Cristina Maragall destaca que, a pesar de su creciente dependencia y los efectos del tiempo, su padre continúa viviendo con tranquilidad y disfrutando de la música, mientras su legado visual ofrece fragmentos de su historia personal.
La exposición permanecerá abierta hasta el 28 de noviembre en el Centre Cultural-Llibreria Blanquerna de Madrid, invitando a los visitantes a reflexionar sobre la memoria y la relación íntima que todos mantenemos con el tiempo a través de nuestras imágenes.
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