La reciente detección de medicamentos caducos en el Hospital Infantil de México Federico Gómez ha encendido una alarma sobre los riesgos que ello representa para la atención de pacientes dependientes de estos tratamientos. Este inconveniente no solo afecta la salud pública, sino que también impacta negativamente las finanzas públicas del país. Especialistas han señalado que la situación revela serias deficiencias en la planificación y control de inventarios en el sistema de salud pública.
México adquiere cerca de 1,500 millones de piezas de medicamentos al año, y aunque se estima que solo un porcentaje mínimo caduca sin ser utilizado, esto puede traducirse en pérdidas que alcanzan cientos de millones de pesos. Enrique Martínez Moreno, director general del Instituto Farmacéutico de México (INEFAM), aclaró que no hay cifras exactas sobre lo que estas pérdidas representan para el erario, pero se trata de una preocupación creciente, especialmente en un contexto marcado por desabasto de medicamentos.
El problema se agrava por la gestión inadecuada de las necesidades dentro del sistema de salud. La Secretaría de Salud confirmó recientemente que durante una revisión de inventarios se encontraron medicamentos caducados, que resultaron ser de baja demanda y lenta rotación. A pesar de esto, se aseguró que no hubo desabasto para la población usuaria, ya que el abasto de medicamentos se mantuvo en un 99.5% durante el último cuatrimestre.
José Luis García Rodríguez, presidente de la Asociación Mexicana de la Distribución Institucional de la Salud (Asmedis), subrayó que la caducidad de medicamentos en hospitales y clínicas no es un fenómeno nuevo. La falta de datos oficiales sobre las pérdidas económicas sufridas por medicamentos caducados agrava la situación, ya que muchas dependencias no registran estas mermas en sus estados financieros. Además, se observó que un modelo efectivo de gestión de inventarios y capacitación del personal podría mitigar el problema.
En el ámbito mundial, se estima que entre el 2 y el 3% de los fármacos disponibles en el mercado llega a caducar, lo que contrasta con la creciente demanda de estos productos en la población. Esta paradoja se manifiesta en el hecho de que muchos medicamentos recetados acaban caducando en los hogares, donde más de la mitad de los fármacos dispensados en instituciones de salud pública nunca llegan a utilizarse.
La necesidad de un control más efectivo sobre la cadena de suministro es urgente. Los expertos coinciden en que se requiere una mejor planificación para garantizar que los medicamentos se distribuyan de manera oportuna y se utilicen antes de su fecha de caducidad. Esta falta de transparencia y trazabilidad en la gestión de inventarios, tanto en almacenes como en farmacias, dificulta el acceso a los tratamientos necesarios por parte de los pacientes.
El año pasado, el Sistema Nacional de Gestión de Residuos de Envases y Medicamentos (Singrem) destruyó casi 460 toneladas de medicamentos vencidos, evidenciando la magnitud del problema. La mayoría de estos productos provino de hospitales públicos, destacando que el manejo inadecuado de estos insumos afecta no solo a las instituciones de salud, sino también a los pacientes que los reciben.
Por lo tanto, es fundamental abordar las causas subyacentes de esta situación a través de una capacitación adecuada del personal, una mejor planificación en la cadena de suministro y un enfoque más transparente en la gestión de los medicamentos. Solo de esta manera se podrá asegurar un acceso adecuado y seguro a los tratamientos que los pacientes necesitan.
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