En el inicio de 2026, México se enfrenta a una situación crítica en el norte del país, donde la sequía no muestra signos de mejora. Sin embargo, en medio de este panorama desolador, las autoridades han incrementado de manera notable las entregas de agua a Estados Unidos, cumpliendo con las exigencias del Tratado de Aguas de 1944. Durante el primer trimestre de este año, se han entregado un total de 413 millones 72,352 metros cúbicos, superando el promedio mensual requerido.
De acuerdo con los datos proporcionados por la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA), el volumen entregado se distribuyó de la siguiente forma: 118.4 millones de metros cúbicos en enero, 129.6 millones en febrero y un significativo aumento a 165.0 millones en marzo. Esto se traduce en un promedio mensual de 137.7 millones de metros cúbicos, cifra notablemente superior a los 35.97 millones que se calcularían si se distribuyera equitativamente el compromiso quinquenal de 2,158 millones de metros cúbicos.
Este esfuerzo es aún más impactante considerando el contexto de sequía extrema que experimentan los estados de Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. Según el último informe de la Comisión Nacional del Agua, un 7.5% del territorio nacional sufre algún grado de sequía, en comparación con el 6.9% registrado a mediados de marzo. La cuenca del Río Bravo, en particular, se encuentra en una situación alarmante, donde 14.8% del territorio presenta sequía severa (D2), 13.5% sequía extrema (D3) y 6.7% condiciones excepcionales (D4).
A nivel local, el impacto de este fenómeno es palpable. En Coahuila, apenas el 47.7% del territorio carece de sequía, mientras que en Nuevo León solo el 48.2% está libre de afectaciones. Tamaulipas destaca como uno de los estados más golpeados, con 9.2% de su territorio enfrentando condiciones de sequía excepcional. En total, 97 municipios en el país han sido catalogados con algún grado de sequía, lo que subraya la gravedad de la situación.
Este escenario nos obliga a reflexionar sobre la gestión de los recursos hídricos en un país cada día más afectado por el cambio climático. La continua entrega de agua a Estados Unidos por parte de México, a pesar de las difíciles circunstancias, es un recordatorio de la importancia de los tratados internacionales en la administración compartida de recursos. Sin embargo, el desafío para los estados mexicanos, que ya lidian con un panorama de sequía creciente, plantea preguntas urgentes sobre la sostenibilidad y la seguridad hídrica en el futuro.
Es indispensable seguir de cerca la evolución de esta situación, tanto en el ámbito de las entregas hídricas como en el impacto climático y social que la sequía genera en las regiones afectadas. La capacidad de México para equilibrar sus compromisos y las necesidades internas se tornará crítica en los meses venideros.
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