Las finanzas públicas de México enfrentan un desafío significativo, marcado por la presión del gasto público y la necesidad de incrementar los ingresos. En este contexto, las políticas comerciales impulsadas por Donald Trump complican la situación, haciendo poco viable la opción de contar con los contribuyentes tradicionales como una solución efectiva.
El tema de la evasión fiscal, la ineficiencia y la manipulación de las tasas diferenciadas del Impuesto al Valor Agregado surgen como obstáculos difíciles de superar en el clima actual, donde las políticas populistas dominan el panorama político. Aumentar el Impuesto sobre la Renta para los individuos de mayores ingresos en un entorno económico que ya se encuentra estancado parece contraproducente.
La intención de incrementar impuestos especiales, como lo que se prevé en el próximo Paquete Económico en relación a las bebidas azucaradas, podría no solo impulsar el mercado informal sino también resultar en una recaudación limitada. Aún así, existe una alternativa que promete tener consecuencias fiscales, comerciales y diplomáticas significativas. Esta opción podría ser crucial para estabilizar las relaciones comerciales con Estados Unidos.
El enfoque fiscal que promueve Trump se basa en reducir las tasas impositivas, complementando los ingresos con los aranceles. Según el ex presidente estadounidense, este cambio debería incentivar la producción industrial en el país, pero ha recibido críticas de la mayoría de los expertos como una estrategia arriesgada. Sin embargo, establece un modelo que podría tener eco a nivel global, especialmente en México, que busca mejorar sus relaciones comerciales con su vecino del norte.
Los vínculos en seguridad y migración entre México y Estados Unidos se vislumbran como aspectos clave en este equilibrio, junto al reevaluado acercamiento del país hacia China, tras años de apertura comercial en el gobierno de López Obrador. Las cifras son contundentes: en 2024, las exportaciones mexicanas a China alcanzaron los 9,937 millones de dólares, mientras que las importaciones por un total de 129,795 millones de dólares generaron un asombroso déficit comercial de 119,858 millones de dólares, sin precedentes en la historia reciente.
Recientemente, México ha empezado a implementar algunas tarifas específicas, como en plataformas minoristas y para combatir el dumping en la industria del calzado chino. Sin embargo, aún no se ha introducido una tasa general similar a las que aplicaron Trump y Biden en sus administraciones.
Imponer un arancel general a los productos chinos podría no solo tener efectos fiscales positivos, sino también fortalecer la industria local, mejorar la relación con Trump y facilitar el anhelado “nearshoring”. No obstante, tal acción podría tener presiones inflacionarias en el mercado interno, interrumpir cadenas de suministro y provocar represalias comerciales de parte de China, aunque estas podrían ser limitadas debido a las dinámicas de ventas.
Esta estrategia, si bien representa un cambio estructural y un gran giro tanto fiscal como comercial, también implica una redefinición del papel de México y su relación con Estados Unidos. La adopción de tales políticas podría coincidir o no con el Paquete Económico que se presentará próximamente.
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