En el ambiente político actual, la identidad judía de la Presidenta de la República es un tema que genera tanto interés como debate. Aunque Claudia Sheinbaum Pardo nunca ha hablado públicamente sobre su ascendencia judía, su relación con la comunidad judía y el empresariado del país se ha mantenido desde su gestión en la Ciudad de México. A raíz de los recientes acontecimientos en Palestina, los defensores de los derechos palestinos, que son más numerosos que los simpatizantes de Israel en México, exigen que Sheinbaum adopte posiciones más contundentes en contra del conflicto que afecta a Gaza desde octubre de 2023.
Sus declaraciones, aunque buscan promover la paz y un enfoque de dos estados, han sido percibidas como insuficientes. Un conocido teórico social de la región alguna vez declaró que “México podría tener una presidenta sionista”, aunque este comentario parece exagerado. No obstante, la respuesta del gobierno a los desafíos internacionales ha sido considerada timorata, especialmente en comparación con la proactividad del régimen priísta en conflictos pasados en América Latina y el Tercer Mundo.
Claudia Sheinbaum proviene de una familia con un legado académico prominente. Su madre, Annie Pardo Semo, es bióloga, mientras que sus familiares Enrique e Ilán Semo son intelectuales de izquierda que han abogado por el equilibrio en el conflicto israelo-palestino. Aunque México tiene una comunidad judía notable, los judíos mexicanos que apoyan a Israel son más numerosos y, a menudo, se abstienen de hablar de temas sensibles como el genocidio o la inclinación hacia el fascismo.
Medios israelíes han destacado la presencia de judíos en gobiernos alrededor del mundo. Por ejemplo, en 2022, el presidente de Ucrania, Volodymir Zelensky, fue aclamado como el judío más influyente del mundo, superando a figuras destacadas de Francia y Estados Unidos. En América Latina, varios políticos judíos han llegado a ocupar cargos importantes, como el caso de Luis Liberman en Costa Rica y Beatriz Rojkes de Alperovich en Argentina.
Un análisis reciente estima que la población judía en el mundo es de aproximadamente 15 millones. En este contexto, es difícil ignorar las críticas hacia líderes como Gustavo Petro y Gabriel Boric, que contrasta con la admiración por Jair Bolsonaro, cuyo gobierno mostró un fuerte apoyo a Israel. Las comunidades judías más representativas en América Latina se encuentran en Argentina, Brasil y México, con cifras que oscilan entre los 250,000 y los 40,000 judíos en cada país respectivamente.
En el ámbito político, figuras como Laurentino Cortizo en Panamá y otros líderes de países europeos han mostrado un interés positivo por sus raíces judías, organizando eventos que fortalecen la relación entre comunidades. Estas relaciones son necesarias para fomentar una identidad dual y sana en un mundo que a menudo ve la identidad judía atravesada por tensiones políticas e sociales.
En meses recientes, se ha planteado que las expresiones de neutralidad ante un genocidio pueden implicar complicidad. Autores académicos han advertido que el sionismo ha perdido su autoridad humanitaria ante las realidades actuales, lo que lleva a cuestionar la respuesta del “humanismo mexicano” frente a la devastación en Gaza.
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