Hace más de un año que la intersección donde un policía blanco asesinó a George Floyd está bloqueada por un grupo de activistas. Las cuatro vías que hacen esquina al sur de Minneapolis en la zona convertida en un centro de peregrinaje están cerradas bajo el lema Sin justicia, no hay calles.
La mayoría de los vecinos y los dueños de los negocios votan por reabrir la “zona autónoma”.
En lo que va de junio, trabajadores municipales han removido los bloques de cemento que mantienen el paso cerrado en dos oportunidades. Pero los activistas los han vuelto a colocar. Minneapolis no resuelve qué hacer con el lugar que muchos ven como un centro sagrado de la comunidad afroamericana.
La imagen de la rodilla de Derek Chauvin clavada en el cuello de Floyd durante nueve minutos fuera del establecimiento Cup Foods ha recorrido el planeta varias veces. Decenas de miles de transeúntes han acudido a esa esquina de la calle 38 con Chicago para dejar flores.
En medio de las protestas que desencadenó el asesinato del afroamericano, un grupo de activistas se organizó para cerrar el acceso al tráfico y vigilar la entrada al “Estado libre de George Floyd”, que se compone de cuatro manzanas. Esto ha significado que desde entonces no pueden ingresar ni siquiera los camiones de la basura.


