El acuerdo comercial entre Estados Unidos, México y Canadá, conocido como T-MEC, se erige como la base del fenómeno del nearshoring en México. Este 1º de julio de 2026, se llevará a cabo la primera revisión del tratado, cumpliendo así seis años de su implementación. Este análisis se sitúa en el marco del artículo 34.7 del T-MEC, que establece que los ministros de comercio de los tres países se reunirán cada seis años para evaluar información recogida durante consultas públicas con representantes de diversos sectores productivos.
La primera revisión tiene como objetivo fundamental garantizar la seguridad operativa y el flujo continuo en las cadenas de suministro entre las naciones involucradas. Este proceso ha sido respaldado por organizaciones como la American Chamber de México (AmCham), el Canada Business Council (CBC) y el Consejo Asesor de Desarrollo Económico y Regional (CADERR) de México. Guillermo Bernal, director de asuntos públicos de AmCham, destacó que las negociaciones comenzaron prácticamente en septiembre del año anterior, lo que requirió un periodo de 270 días para consultas intersectoriales, antes de llegar a esta crucial fecha.
Es importante señalar que si no se alcanza un acuerdo durante la revisión del 1º de julio, el T-MEC no quedará obsoleto. La cláusula correspondiente prevé que si no se renueva, se iniciarían revisiones anuales, manteniendo así el funcionamiento del acuerdo hasta la primera fecha de posible expiración en 2036. Este escenario podría generar incertidumbre en las decisiones de inversión de los empresarios, aunque el tratado continuaría vigente.
Entre los aspectos destacados del T-MEC, los números hablan por sí mismos. Según un informe del Citi Institute, el comercio trilateral de bienes y servicios en Norteamérica alcanzó la notable cifra de 1.9 billones de dólares en 2024, experimentando un crecimiento constante desde su entrada en vigor en 2020. Las exportaciones de bienes aumentaron en casi 400,000 millones de dólares desde entonces, reflejando una mejora en el libre comercio que ha propiciado la deslocalización cercana y una mayor resiliencia en las cadenas de suministro.
El impacto del T-MEC va más allá de las cifras, ya que ha facilitado un ambiente propicio para la inversión extranjera, con un notable incremento del 50% en la inversión directa de Canadá hacia Estados Unidos. En un contexto global fluctuante, la reciente publicación de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos redefine el panorama de riesgos, enfatizando la importancia del comercio y la cooperación entre estos tres países.
La revisión del T-MEC no es solo un evento administrativo. En un entorno geopolítico complejo, fortalecer este bloque norteamericano se vuelve esencial. La anticipación respecto a los resultados de este proceso podría dar lugar a una segunda fase en la relocalización de empresas dentro de la cadena de suministro, lo que se ha denominado “Nearshoring 2.0”.
A medida que nos acercamos a esta revisión, queda claro que el futuro del comercio en la región de Norteamérica está íntimamente ligado a la capacidad de sus socios para colaborar y adaptarse a un mundo en constante cambio. La espera del 1º de julio promete ser un hito en el desarrollo de este acuerdo vital para los tres países.
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