El 8 de marzo de 2026, alrededor de 10,000 mujeres michoacanas se unieron en una manifestación para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, saliendo a las calles del primer cuadro de Morelia. Este evento, que busca alzar la voz contra la violencia de género y promover el respeto hacia las mujeres, se tornó violento en varios momentos, desatando actos de vandalismo y agresiones, tanto entre las manifestantes como hacia periodistas que cubrían la jornada.
La movilización se organizó en dos contingentes, que se desprendieron desde el Obelisco y la plaza Jardín Morelos, conocida como “El Caballito”. Ambos grupos convergieron en la fuente de Las Tarascas antes de avanzar hacia el Palacio de Gobierno. Si bien la mayoría de las mujeres marcharon pacíficamente, un grupo conocido como el “bloque negro” fue identificado como el más agresivo, causando destrozos en mobiliario urbano y negocios a su paso. Este comportamiento generó preocupación, llevando a varios locales y al asilo Divino Redentor a cubrir sus fachadas con cartulinas que declaraban su apoyo al feminismo en un intento de proteger sus espacios.
Simultáneamente, numerosos medios de comunicación se agruparon frente al Congreso del Estado, anticipando que dicha sede podría ser un objetivo del vandalismo. Sin embargo, el bloque negro optó por pasar de largo y concentrarse en el Palacio de Gobierno, dejando el Congreso prácticamente ileso, a pesar de que tradicionalmente ha sido un blanco durante estas protestas.
Al llegar al Palacio, las manifestantes intentaron derribar las vallas metálicas instaladas por el gobierno. Durante estos enfrentamientos, un contingente de aproximadamente 60 mujeres antimotines salió para evitar daños al inmueble, lo que resultó en más agresiones. Las manifestantes respondieron lanzando objetos, incluidos botellas y labiales, hacia las fuerzas del orden.
A lo largo de la jornada, también hubo numerosos incidentes violentos dirigidos hacia periodistas que habían sido convocados para cubrir el evento. Aunque se les exigió que no grabaran a las integrantes del bloque negro, muchas de estas mujeres estaban completamente cubiertas, portando objetos contundentes y grabándose entre ellas.
Las tensiones aumentaron, y las manifestantes intentaron prender fuego a las ventanas del Palacio, aunque los intentos fueron fallidos. En medio del caos, se escuchaban consignas como “Ya basta de la violencia contra las mujeres”, así como críticas a las autoridades y medios de comunicación, reflejando la frustración acumulada frente a un sistema que, en sus ojos, perpetúa la opresión.
Hacia las 20:30 horas, lo que quedó de la movilización fue un pequeño grupo de unas 40 mujeres que continuaban sus esfuerzos por provocar incendios en el Palacio. La jornada culminó sin lograr su objetivo, pero dejando claro que la lucha por la igualdad de género y contra la violencia se mantiene viva y activa en las calles de Michoacán.
Este evento es un recordatorio de la importancia de visibilizar las demandas de las mujeres, aunque las formas de protesta puedan ser controvertidas. La concurrencia de miles de participantes demuestra que el mensaje es sólido y que la lucha feminista sigue ganando fuerza.
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